La Eternidad Efímera (1977-80) -PRIMEROS ESCRITOS-

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A ti, siempre

 

 

Cuando te miro con los ojos

Que contemplo a la luna,

Se me hace que estás tan lejos como ella...

Y un día te miro sin los ojos de la luna,

Y al sentirte tan cerca, salgo despedido.

Olvido que poseo unas manos

Para escribirte.

Si supiera que la noche iba a ser eterna,

Te estaría esperando,

En el campo abierto,

Con el alma abierta.

Con fe ciega.

 

 

Anochecer

                                              

                                                                       “Silencio y soledad nutren la hierba,

                               creciendo oscura y fuerte,

entre ruinas...”   Luis Cernuda

 

 

Cae la noche una vez más,

Una vez se cierran los ojos,

Se esperan los sueños,

Se aprietan los puños,

Una vez más, por no gritar.

Se abren una vez las paredes,

Se vuelcan las sombras,

Inundando el corazón,

Ayer saciado de luna y mar...

Cae la noche lentamente,

Las estrellas se descuelgan

Deshilvanadas del éter

Destinadas a los cementerios,

Y a todas las ruinas persistentes,

En el alma, una vez más.

 

 

Descendencia

 

 

 

Yo vi los dulces labios

Rodearme hasta el borde de la playa,

El borde confundido por las olas

Que quisieron atraparme

Antes de pronunciar el beso.

Estuve indeciso

Entre el mar y la arena,

Y me detuve apreciando

La oscuridad de un cuerpo tendido,

El sabor a sal en unos labios...

En la simetría del deseo.

Corrió la noche por las ciudades,

Y toda la noche sentí la entrega

En mi pecho mudo.

En mis oídos tapiados de duda,

De algas y palabras respiradas

Por un momento, infatigable respiro,

Que hizo de nosotros algo distinto.

Corrí por las noches cuando el aire me faltaba,

Para regresar a la orilla amada,

 Llegar, sentarme y verme en el fondo

Como un amante en los ojos del que ama.

 Al revivir este recuerdo que desciende efímero,

De mi mente extasiada,

Descubro otra vez como aquella primera,

La magia presente que me rodea.

Regresé, desandando por la orilla,

Olvidando la huella de mi cuerpo

Sobre la arena húmeda...

 Y las olas iban borrando mis pisadas.

 

 

Deseo leve

 

                                                           “Quiero morirme,

                                                               quiero la vida sin nombre,

                               lo que saben los hombres,

y los dioses ignoran”   Gabriel Celaya.

 

Va escapándose leve,

Esta tarde sin caricias,

Dibujando haces de promesas;

Se escapa este instante

Y no dispongo de palabras para decir,

O alentar esa raíz que impulsa y es amor y tiembla.

Se han dicho mil adioses unas olas a otras olas,

Se han dicho adiós y han vuelto a chocar con la luz,

Han regresado a la orilla plena,

Con el mismo fulgor impregnado de dulzura,

Posándose en nuestras manos y las rocas.

Va desmayándose doliente,

Esta tarde que acaba,

Y mis ojos cansados miran hacia el horizonte,

Va muriéndose este instante

Que pienso en todo cuanto deseo amar.

Ser parte de algo.

 

 

 

El amor

 

 

¿Y el amor, no es más grande que el mar?

Pero el amor se compara al trigo,

Y a ese haz de luz divina,

Que aparece una vez apenas,

En el avatar de la vida.

¿Y el camino hacía el fin no es más largo que un beso?

Pero sólo el beso puede esperar

Que la razón humana no lo detenga,

O que la cerrazón lo estrelle hacía el abismo,

O a la nube pasajera que se desvanece.

El amor no es luna

Sostenida en pedestal invisible,

Por el beso eterno de un dios arcano.

El amor no es campo de batalla,

Ni canto oculto que se corta,

O la sentencia moral que te ahoga.

El amor es sólo algo incauto

Y que tímidamente se proclama amor a secas,

Que no te condiciona ni te aparta en nada,

Que no te dice adiós una tarde sin ganas,

Con lágrimas de arrepentimiento.

Amar es nitidez y pureza,

 

El desamor es aquello

Que llena  de hastío la paz de antes,

Y los objetos se tornan grises e inestables,

Las palabras y las miradas no tienen significado,

Existir se hace absurdo y deseas estar solo.

Repitiendo esquemas, una oración monótona,

Y es estar más frío que las paredes también grises,

Y ser un bosque inmenso de robles solos...

 

El amor, en tanto, es la llave del tesoro,

El calor que restaura y te confunde con el otro,

La espuma que rompe en su nacimiento

Y lo inunda todo.

El amor preciso, el no sabido,

El que no es palpable con las manos,

Que no se poetiza con el mar y la luna,

Ni con la noche azul del encuentro.

El amor es sólo puro...

           

 

 

El Mar o la tristeza

 

 

Anoche fue cuando el mar se enfureció,

Cuando quemaban las palabras en el pecho,

Cerrado con llave y a oscuras;

Cuando se abrían las puertas

Y entraba el viento arrasando con todo,

Menos con este dolor.

Anoche fue cuando las olas arrastraban

Miles de cuerpos hacia la orilla,

Y los peces morían desamados

De algún vertido o de pena.

La brisa borraba mi figura nublándose la tarde.

Absorto en el firmamento,

Cubierto de ideas y de algas.

 

 

 

El tiempo de una alcoba

 

 

El tiempo de una alcoba y un amor,

Se nota en los espejos,

El paso de unas horas o una década,

Deja un hueco y cría moho,

Queda un rincón deshabitado

Y un triste distanciamiento.

El beso se borra

Y el olvido es un propósito silente,

Mientras en cada lugar hay una fría huella,

Un detalle arropado,

Y una soledad instaurada.

El silencio de los cuartos y el amor,

Se unen en la desesperación,

Reflejado en los cristales,

Y en el aire cerrado, la voz,

La última palabra oída,

Que en su eco estalla un instante,

Para perderse al abrir las ventanas.

 

 

Escribir

 

 

...Escribir.

La necesidad de escribir.

Y tengo el cansancio de los planetas,

Y el sueño de los cetáceos en los ojos.

El tren se acerca a la próxima estación sin sol.

Madrid quedó atrás envuelto en niebla densa,

La niebla que nos hace menos vivos...

La Mancha, surcada de aves

Que traen promesas de lluvia,

También queda atrás.

El paisaje no dice nada que las nubes no sepan,

Los cables se ensanchan, se estrechan y se pierden,

Como los días de la niñez ya perdidos.

Hay cuatro gotas en el cristal.

Llueve apenas.

Un hombre anónimo dice adiós con la mano,

Su mano se mueve lenta, lenta, y va bajando lentamente.

Un adiós para un destinatario desconocido.

El tren prosigue detenido en esta estación fantasma,

No se ve pueblo por ninguna parte,

Sólo una vía desierta.

Asoma leve el sol, el gélido azul pesa más.

El tren emprende el viaje.

 

 

Huir...  morir

 

 

 

I.

Vuelca el mar

sobre mis párpados,

lápidas de cansancio...

Y te diré que tarde lo que tarde la tarde,

seguiré aquí...

 

II.

Derrama sobre mi pecho

tus vómitos de miedo,

que son el eco anónimo

de un vendaval nocturno,

al amparo de un sosiego

Para el olvido de tu  infierno.

 

III.

Erosiona los volcanes

De mis venas: caudal errante

por un cuerpo anochecido,

y te pintaré a ras del cielo

rosas y cisnes nacidos

Por el beso del rocío.

 

IV.

Derrumba sobre mi espalda

las cordilleras vastas del invierno,

- mi espalda costa al Mediterráneo

salpicada de nubes blancas, gaviotas-

y te sonreiré despacio,

Fingiendo el desencanto.

 

V.

Destruye lo sembrado

con el aliento enrarecido e infame

de la indiferencia...,

y correrán las garzas percatadas

de un triste presagio,

huyendo hasta morir...

 

 

 

Más allá (de la razón)

 

 

Base, o altitud hallada

En el sentido de ser flor o piedra,

Una extraña flor.

Hemisferio de un corazón

Que no vuela sobre el agua,

Y sólo se limita a estallar

Como la furia del mar.

Para ocultar la podredumbre

Carnal y violenta.

Y decir que somos así...

Que el sol anuncia un nuevo día,

Que somos así...

Y no sabemos como llegamos a ser así.

Cómo nos rodeó esta niebla

Que todo lo atrofia y confunde,

Y nos deja solos. Bien solos.

Y no comprendemos nada luego...

Ni nos comprendemos.

¡Qué lejos estamos de ser flor!

 

 

 

Mientras mueres

 

 

Sería injusto acariciarte mientras duermes,

Cuando te destruyen los sueños del averno,

Y mi roce quizás te supusiera un puñal...

Y no una enmarañada nube de deseos.

Cuando te separas del calor de la sangre

Y de los labios,

Y deshechas brazos que se estiran

Como playas en celo por el mar...,

Astros y miradas que también

Se buscan y se encuentran por el cielo.

Por eso no, no quiero,

No quiero acariciarte mientras duermes así,

Mientras sientes el peso de los gusanos,

E impotente besas el suelo húmedo de miseria.

Cuando asistes al asesinato de lunas pálidas

Que te dicen tu sombra y tus apellidos,

Y te lamentas y odias todo tu cuerpo con asco,

Desierto súbito que sube hasta tus dientes,

Que salpican lava y  pétalos ardientes,

Polen que nunca tuvieran las serpientes en primavera.

Te miro, y acaso te roce débilmente...,

Pero no quiero acariciarte mientras duermes.

 

 

Paréntesis

 

Fue mi destino: amar y despedirme”                                        

                                                               Pablo Neruda

 

Me marché alguna madrugada,

Circundándome un gesto general de nostalgia

A mis espaldas.

Un viento llegó a mis tardes,

Asentándose tras revolver todas las cosas.

Busqué un rincón donde guardar el olvido,

Pero la nieve con su persistencia en la noche,

Lo cubría todo.

Y me hizo llorar evocando.

Con otras nieves en las manos,

Con la llama infatigable recobrada,

Y el eco de un adiós prematuro,

De un adiós sin pensar en luego...

Anduve cabizbajo sorprendido cada luna,

Me arropé contra el frío y las calamidades,

Y el polvo se posó sobre mis huesos,

Como lentísimo beso que acaba en llanto.

El mismo polvo que se alzó esta tarde

Reconociéndome,

Y todo el mundo me extrañaba.

Me extrañan las calles cuando paso,

Dejando mi silencio en sus fachadas.

El mundo se extraña de todo.

Cuando has vuelto y no sabes porqué.

Yo pregunté por las cloacas,

Por los puertos y por los trenes,

Y las caras miraban incrédulas,

Adormecidas tras tanto insomnio padecido.

Me marché alguna madrugada,

Después de amar, una noche, unos minutos...,

Y ahora, mi futuro es marchar agonizante,

Retrocediendo para no hundirme.

 

 

 

Por las calles desnudas

 

 

                                                                              “¿Qué buscas en  las noches oscuras de las avenidas?” 

                                                                             

Paco León.

 

¿Adónde vas por las calles desnudas?

¿A dónde con el corazón vacío y los ojos

Llenos de lágrimas acalladas de silencio?

¿Adónde vas con los labios partidos?

por el roce de la tristeza en las paredes,

buscando un beso furtivo apenas...

Un beso.

¿ Adónde vas por las calles desnudas

Ensordecido por tus pasos?

La sangre ardiendo  enfebrecida,

El viento azotando la espalda...

Los pies doloridos y el alma atada...

¿Adónde vas por las calles cerradas,

Clavando en el suelo tu mirada?

 

 

Si...

 

 

Si acerco mi mano sobre tu corazón,

Se quiebran los espejos del cielo y de la mar.

Pero si desvío mi mirada un instante,

Se clavan como dardos en mi mente tus ojos.

Si espero del sol una respuesta,

La tierra cobijará el sueño,

Hasta que por fin cese.

Si busco en otros labios la verdad,

Se derrumban los álamos sobre el río

Y se queman mis dedos con papel.

Si descubro en un gesto

Una primavera estéril,

La luna amarilla llena de odio,

Dispara sobre mí, sus rayos de locura.

Si rozo con mi mejilla el hielo

Las palomas sentirán el frío,

Y si descanso entre juncos esta tarde,

Miraré el sol como cae...

 

 

 

Tarde sin saber

 

 

No sé si sé este fragmento de río,

Si es dulce el agua que no me toca,

No sé si sé la historia completa,

Si sé parte de la sombra que oculta,

Si sé el pensamiento fluvial que me detuvo.

No sé si sé andar por un agua,

 

 

 

Vida

 

            “Espadas como flores para los labios fríos,

Y flores como espadas para el carbón ardiendo.”  Vicente Aleixandre.         

 

 

...El mar, ola tras ola

sin un beso póstumo en tus labios,

carne amada día tras día,

sin una caricia que me derribe

Y salpique el cielo.

El cielo, nubes que dicen,

Vapor que sube y me elimina,

A ciegas por horizontes,

Me encamino hacia fondos o cúspides.

La luna llora

Gotas blancas de espuma

Que cristalizan las rocas,

Frente a ti hebra mortal,

Sol que jamás me atrevo a desafiar,

Por temor a tempestades.

El mar, el cielo, los días,

Las horas que transcurren como inviernos,

Traduciendo el cansancio y desaliento,

En las bóvedas evadidas de estrellas,

Y en mi voz que estalla hacia adentro.

El mar, te adoro y desfallezco,

Me ahoga el mar de la locura,

La duda insoportable y la penumbra,

La sola devastación de este deseo.

 

 

 

 

Que mantiene queda el alma,

No sé si sé que un ave,

Puede hacer de esta tarde,

Una inmensidad o una siesta.

No sé si sé morir por un tiempo,

Suspendido en el fondo

De un cuerpo que furtivo me reclama,

Cuando en el río oscurece.

No sé si sé de esta rama el silencio

Que propaga y me culmina.

 

 

Vuelo efímero

 

 

La luna, nuestra luna plena de recelos,

No se asomó para ver el sufrimiento

De nuestros cuerpos,

Ni para alentar el brillo de unos ojos,,

Con un temor fugaz a penetrar en la sangre,

Un temor natural y desnudo,

Cuando la nieve hace verso sobre la carne.

Granada entera olía a muerte,

Un vaho dulzón que asfixiaba

Los corazones expuestos  a abrirse y palpitar.

De noche te confería un aire rotundo,

Un árido susurro de miedo callado,

Mientras se escapaba un beso halado.

Y el amor iba calando más allá de donde se desea,

Porque sin defensa, éramos espuma reciente,

Dulcemente bebida, acariciada...

Acurrucada ahora y nunca.

El mar rebosa destellos reales

Empachado de la luz que lo amontona.

Así sólo cipreses aspiran vernos,

Cipreses como puñales que no hieren,

Labios que dibujan la sonrisa limpia,

Con el dolor clandestino vivido.

Sin el ataque de la luna que sospecha.

Hoy cubierto de hojas y fechas,

Reposa ese amor sincero.

 

 

 

Transparencia

 

 

Siempre estuviste detrás de un cristal,

Y aunque extendía mis brazos inútilmente,

Quedaban sujetos por el frío límite,

Que sólo deja traspasar la luz.

A veces estabas tan cerca, tanto,

Que sólo una fina corriente

Nos mantenía apartados, inconexos,

Siempre una barrera se interponía,

Que la persuasión no logró esquivar,

 Que la inquietud desbordó la paciencia,

Y así se debilitó toda energía.

Creo, llegué a pensar que esa separación

Y esa transparencia eran de un material ignoto.

Y sólo de espuma mis puños...

 

 

Sólo en tardes de este tamaño

 

 

En tardes como esta,

Descompuesta la ilusión,

Aparecen las palabras exactas.

Cansado de esperar

Se mira a los ojos

Y ve su soledad.

Estallan las sienes

Y todo se inunda de ríos,

De niebla en donde no eres tú.

Nada es nada.

En tardes de este tamaño,

Se mira hacia atrás en la oscuridad,

Y descubres que no hay nada,

Que nada fue captado:

Un sueño nacido de la nada,

Su destino es la nada.

Sólo hastío en los pies y la mirada,

Vacío en la sien y la palabra,

Ir sin brazos ni pies ni sentido,

Sin ni siquiera un beso leve

En el cristal que nos separa.

 

 

Sala de esperas

 

 

Tu alma y la mía,

Gaviotas jóvenes que se persiguen,

En la quietud crepuscular,

Huyendo sobre la paz del océano.

Tu sueño y el mío

Dragados entre algas de un fondo

Sumido de oscuridad,

Desnudos nuestros deseos,

Nacidos de una ubre húmeda,

Amamantados por cimas lejanas...

Tu pesar y el mío

Arropados por velos decadentes,

En alcobas distantes,

Soñándonos perennes e insomnes.

¿Qué son todos esos gritos

Que me despiertan con tu nombre en los labios?

 

 

Poema de espera

 

 

Hay tantas cosas que me detienen,

Nombres, fechas, cielos, rosas;

Dime que el campo me reclama

Y asistiré para cobijar el verso

Que escribe cada peña.

...Hay tantas cosas que me detienen

a la hora de elegir la vida o la muerte,

el calor de unas manos,

la necesidad de  la luz por la sombra,

Y el manto maternal de la oscuridad.

Me detienen unos ojos vendados por nubes,

Que se apresuran desde tu morada

Hasta mi costa.

Hay tantas cosas que me detienen,

Cuando pienso si es necesario ceder,

Un amanecer, un perdón, un bosque...

Me detienen las olas, mis dioses,

Cuando quiero esconderme.

Desaparecer.

 

 

Olas como alas

 

 

Olas. Eran sólo olas,

Que no cesaban.

Venían acariciando a veces el dolor,

A veces los pies que menguaban de andar sedientos.

Olas, fueron sólo olas,

Mareadas flores de los cuerpos,

Prendidos de raíces ocultas,

Prendados de la luna, satisfechos.

Olas. Sólo olas como alas,

Póstumas en la orilla,

Acaso como recuerdo efímero,

De una ola que tan sólo logró ser una ola.

 

 

Más cerca

 

 

Está más cerca el cielo si bajan las nubes,

Si miras las estrellas esta noche,

Está mas cerca y palpable,

Si tus labios besan el mar.

Está más cerca el cielo si miras esa luna,

Si apoyas tu cabeza sobre mi sombra pendiente

Entre el final y la aurora.

Más cerca si te miras en mis ojos.

Más cerca del cielo si cierras las ventanas

Y me amas un poco sin querer,

Aunque te desmientas luego, aparatosamente...

Aunque huyas atronándote por absurdas ideas.

Más cerca del cielo si vuelves.

 

 

La tarde es gris, tú lo sabes

 

 

La tarde es gris, tú lo sabes

Y provoca leves temores de lluvia,

El mar es gris esta tarde,

Y el viento le empuja y nos invade,

Nos adherimos como recuerdos a las olas.

Yo soy un poco tu sombra,

Cuando en el sueño no te defiendes,

Cuando no temes respirar lo que te envuelve,

Quizás la tierra que está mojada esta tarde.

La tarde es más gris que ayer

Si tú no me lees esos versos,

Pero clarea un instante el poniente,

Si contemplo tu mirada,

Y tras el miedo natural,

Me zambullo dentro.

 

 

 

Horas de espera

 

 

Desear a escondidas una nube,

No es evitar el presente.

No es deambular hacia el engaño...

Es ansiar, añorar, volar...

Acaso respirar el fuego,

Que siglos hace que no me quema.

Hablar y confesar la verdad,

Es dejar que la sangre corra,

Abiertas las venas,

Hacia un caudal  de cieno,

Donde todo se pudre,

A un arroyo de nenúfares muertos de miedo.

De vacío, de sequedad, de miedo...

Deja tú que arriben a tus tejados,

Mil mensajes etéreos con alguna tormenta ocasional,

Y deja que toquen a tu puerta

Las tristes horas de cuervos,

Que también son horas largas

Y efímeras a veces...

Pero aprenderás.

 

 

Escapada

 

          “te quiero,

y esta tarde se acaba...”

Vicente Aleixandre

 

No mintamos más.

La quimera teñida de olvido silente

Convoca palabras entonadas

A un tiempo con los violines,

Y el oleaje.

El pulso que aplaca este instante,

Retorna del inmarcesible recuerdo,

Que gravita en los labios,

Mutándose a cenizas el paisaje, ahora,

Siendo dudas el paisaje y tu sonrisa...

¿A que cielo tu risa?

Ceñido al viento el dolor,

Me despojo de tinieblas,

Vocifero en la antesala de tu pecho,

Madera hermética,

Escondido tesoro que desconoces,

Y me desprendo,

Del zumbido interno que angustia aún.

Arpegio de cansancio en mis hombros,

Y tu respiración hecha fuego detenida,

Como se detiene el sol en los espejos.

Y mentimos con la mañana,

Bebiéndonos en el café la cobardía.

 

 

 

El tedio de las tardes

 

 

 

Las tardes pasan lentas,

Embriagadas de recuerdos,

Bañadas de cansancio, tedio e inercia.

Concisos los sueños, las notas,

Y el resto sólo ruinas,

Mortajas para el olvido.

Cajones de la tristeza.

Las tardes pasan lentas...

Recortadas en papel

Son alas sin fuerza, incapaces

Para huir, matar, o morir.

Las tardes pasan lentas,

Lentas,

Hasta dormirme en el desencanto.

 

 

El frío en las sienes

 

 

El mar ruge desamado,

Y los astros tiritan de frío,

En la noche trémula que congela el ánimo.

Cuando se hielan las sienes...

¿Puedo pensar que pienso algo?

Entonces: ¿quién inventó la palabra Dios?

Todo me duele como un disparo,

El silbido del viento en la soledad,

La soledad entre los pinos,

Y el miedo de la noche

A la falta de estrellas.

El frío de los niños del quinto mundo,

Que claman desde ayer,

Comidos de moscas.

Toda la hiel amarga del mundo,

Sin el agua que vierten los ángeles

Para que la tierra purifique,

La carne deshidratada,

Y las bocas sedientas.

Es el dolor de los perros aullando

Y el de la pasión coagulada en las venas,

En la vigilia exaltada.

El frío que parte las sienes

Como madera astillada,

En el abandono y la desesperanza

De esta otoñal decadencia.

 

 

 

Después de tu ida

 

 

Tu silencio primero,

Y después tus palabras...

Tu alma toda

Se desnudó frente a mí.

Y tu mirada,

Tus ojos de mar sereno,

Tu beso de clara superficie,

De fuego y nieve. Guardé.

Primero tu silencio,

Y ahora tus palabras.

Y yo,

Yo sólo aquí.

Repitiéndoseme toda tu ausencia.

La puerta se abre

Y por un momento entras tú.

Desaparece todo el silencio.

Tú has desaparecido,

Y la puerta se ha cerrado detrás de ti.

Y yo,

Aquí solo.

Llorando por comprenderte...

 

 

Descubrimiento

 

 

Deja que mis manos

Lleguen más abajo,

Que mis labios rocen

La tierra árida que acotas.

Deja que llegue la tarde,

Que albergue este amor como sombra.

Descubiertos a la luz

Y entre las olas.

 

 

 

Comunión secreta

 

 

Acaso fue como brisa

O como espada que lastima

Por un roce impreciso.

Ladera ardida,

Espíritu que queda y se consume,

Bruma densa que cubre.

Acaso como nostalgia

Se pueden mirar unos ojos nuevos,

Que desatan las cuerdas del corazón

Y se esfuma la libertad,

Te aprisiona y te reconoces preso,

De un cuerpo que despierta.

Acaso como sucesión,

A la fuga de lo imprevisto,

De unos ojos que se siguen,

Y no desistes ahora,

Casi a ciegas, las palabras retumban,

Las primeras, en silencio de dos,

Y se crea un compromiso,

Un estremecimiento se apresura, se espera...

Acaso como lecho

Perfumado de flores frescas,

Se llega al pabellón

De la celebración íntima.

Se da la luz para reconocerse y se reconocen,

Se apaga de pronto la conversación necesitada,

Porque se tuvo sed,

Y un beso de lluvia se posó sobre los labios,

Sedientos de verdad,

Y empezó a llover...

Y te quiero al oído.

Acaso como comunión

Acaso como brisa,

Acaso como espada,

Acaso como lluvia...

Y te quiero después.

 

 

Al tiempo de la lluvia

 

 

Al tiempo de la lluvia, mi llanto,

Cuando la lluvia caía con su compás

Siempre monótono en el patio,

De mis ojos florecían

Pilares rebosantes de lágrimas tristes,

Gotas de espera vírgenes.

Al tiempo de la lluvia, mi llanto,

Cuando la brisa besaba el rostro

Empapado de madrugada, invisible,

En la voluptuosa frente de la noche,

Cuando llegaba un canto lejano,

Que interminablemente persistía.

Al tiempo de la lluvia, mi llanto,

Cuando las calles estaban de fiesta,

Cuerpos deambulaban por todos lados

Como un enjambre huyendo del fuego,

Disimulando la sinceridad

Que no osamos experimentar.

Al tiempo de la lluvia, mi llanto,

Cuando tras las cortinas blancas,

La luna como un cristal desafiante,

Resplandecía en las pupilas negras,

Cuando en las manos, como en un estanque

Rebosaban las últimas gotas

Del deseo y la soledad.

 

 

14/06/2011 12:56 Fransilvania #. El trastero del corazón

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