Preliminares / Fran Ignacio Mendoza

Publicado: 10/06/2017 11:19 por Fran Ignacio Mendoza en sin tema
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Los poemas que han ido quedando fuera de cualquier poemario, pero que voy reuniendo para un posible y futuro poemario o una antología de lo inédito.

Decir que estos poemas son de la post-adolescencia que nadie espere grandes revelaciones ni frases maravillosas. Son los versos de un poeta primerizo y tímido.

La instantánea de momentos claves ante el dolor y la incomprensión generacional que todos sufrimos a esas edades. 

Un retrato personal y preliminar. (2017)

 

 

 

El verdadero poeta

 

Era un verdadero poeta

en noches de oscuras mantas,

sobre resquebrajadas mejillas,

entre presencias serenas

y un pasado pleno de cometas

en el albor de la vida.

Con el frío aferrado

a un cuerpo inexistente,

besado por el viento

en la sombra del pecado azul,

del pesar que sumaba su esencia.

Revelada la luna por vez primera

de él se reía,

impotente y extática como un roble

que guarece pechos

en espera de caricias,

un pecho laxo como flor

en un jardín de noviembre

de arrebatos innombrables.

Sí, era un verdadero poeta

entre ocultos soles ancestrales,

preñado por el rayo

del deseo más puro,

en superficies como espuma de sal

y otras veces, en playas surcadas

por dedos calientes que inauguran…

En horizontes de miradas

y en llanuras como besos,

entre nevadas y borrascas,

roto como arcilla árida,

humedecido de sábanas

cuajadas de sudores y miedos;

en escapadas de la impaciencia

por el campo universal del pensamiento.

Solo y bajo árboles que fueron

en el fuego de la tierra

y la pasión de los guerreros

por vencer al adversario

cuando este son versos fundidos

como el amor cuando se licúa

en la nitidez de su seno.

 

 

El monte que viene

 

 

¡Oh dulzura mía!

Cielo enardecido,

ocaso tú,

madera yo, ardiendo

en nuestro lar

¡Tú, sangre rebelde!

 

Oh cauce de mi río!

Ciprés iracundo tan temprano

Orquesta de hojas caducas…

Oh poniente!

Arista de los sueños

cenizas en la cumbre…

 

Oh zanja del deseo

misericordia que deviene

en mentira, en cirros sedientos,

pie errante que me llegas…

Castillo sin defensa

Oh tu sendero!

 

Oh tierra roja

Moteada de verde monte

que monte eres y te precipitas

a una legua apenas,

vienes con el rocío

 y finges…

 

 

El monte que finge

 

 

Oh misterio mío!

Una mirada que desafía.

Pueril sentimiento

que es océano!

 

Oh sueño imposible

Que te presentas y te vas,

te proyectas

y me ensombreces.

 

Oh cuerpo herido

Que mueres sin tu hora

poco a poco

sin vivir tu quimera!

 

Oh duende y mago

Del piano y de los versos

que anidas en la mente

y dejas notas cada noche…

 

Oh sembrado geométrico

Goteado de amapolas

que la ventisca destroza

y nunca superan la estación.

 

Oh monte verde invernal

Esconde estos secretos

entre la maleza y el temporal

y los romeros!

 

 

La muerte dulce

 

Soñó que moría

Y que el aliento le faltaba,

Soñó que se moría

Y que lo hacía en silencio.

Apenas veía

Y lo que creyó que eran árboles

Eran los barrotes de la cama,

Sintió un peso enorme

Y solo eran las mantas.

Recordó miles de cosas

Confusas e insignificantes,

Un jarrón de flores lilas,

Un vaso de agua vertido,

Una playa de enero y las olas,

Un viento matinal helado

Y la luz del atardecer.

La luna de madrugada,

Las siestas del pueblo callado,

La sortija que encontró de niño

¿Dónde?

El zumbido de una abeja,

Niños jugando en la calle…

Todo le parecía lejano,

Y sintió que algo más de faltaba

¿algún secreto de la infancia?

No podía mover los dedos,

Un débil sudor de la frente manaba,

Imperceptible apenas, una boca

En la mejilla le besaba,

¿quién era? Entre sombras divagaba.

Por las comisuras de los labios

Una saliva amarga se escapaba,

El rencor guardado y el odio

Que ahora se derramaba.

Frente a rayas negras y largas,

Voces o murmullos, llantos ,

En la garganta algo le ahogaba.

Lentamente sus párpados se cerraban

Y se apagó alguna vela de la sala,

Y pensó que alguien cercano moría,

Entonces quiso saber quién y no pudo,

Su cuerpo era insensible.

Y entonces sonrío dulcemente,

Un halo de tristeza se alejaba,

Había dicho adiós sin saberlo.

 

 

Dos silencios

 

Ha roto tu silencio la muerte

Ha roto aspas el viento,

Molinero de la mente

Constante e intacto.

 

Has aborrecido la tierra amada,

Para saldar tu búsqueda ulterior,

Tus palabras, compañero que profesaste…

 

Ha roto el mar contra las rocas,

Y se ha esparcido la cera de  tus ojos

Ambulantes y matizados de fuego.

 

Ha caído el tiempo en las cavernas

Y picoteado las gaviotas en tu pecho,

En místico vuelo, remanente.

 

Ha roto el salitre contra el silencio

En el refugio impenetrable del arrecife,

Abandono de la arboleda

Que fue nido en la infancia,

Para construir el mueble,

Alojamiento último

De tus huesos y tu memoria.

 

Ha roto la muerte tu existencia,

Ha roto tus alas el viento.

 

 

Estas manos

 

Estas manos

Que ahora tengo entre las mías

Estas manos

Que han rozado tu cabello,

Estas manos

Que se saben las cimas

Y los llanos de tu piel.

 

Estas manos

Que te dieron placer

Estas manos

Que se aprietan

Y se hablan a escondidas.

Estas manos

Que yo beso

Y forman danza con las mías.

 

Estas, tus manos

Que recorren mis valles

Y se deslizan por mis riscos

 

Estas manos

Que poco a poco

Encienden los helechos

Y se pierden en mis venas

 

Estas manos

¿qué puedo decirte más?

Tus manos,

Que no me falten tus manos

 

 

Quiero

 

Quiero llorar por el mundo

Por tantos muertos y abandono,

Por los dormidos ahora,

Por los que planean su marcha,

Por los que cometen crímenes

Y por los que se suicidan a solas,

Por el insomne y el vigilante,

Por los que viajan en sueños

Y por los que emprenden un viaje.

 

Quiero gritar por el puente

Por el río que corre sosegado

Por los poetas que buscas versos,

Por la muchacha que perdió su niñez,

Por el amigo que no te ha respondido,

Por la mujer que necesita vender su carne,

Por los perros de los caminos,

Por el desprotegido en la noche,

Por el que en la ciudad está solo y pasa hambre

Por el que por error está en prisión.

 

Quiero llorar por los pueblos

Por la vejez que nos pudre,

Por el recién nacido sin llanto,

Por los que oyen y no escuchan,

Por el enamorado de una idea,

Por la fauna salvaje y las selvas

Por el arma disparada sin control

Por los amantes que están ausentes.

 

Quiero gritar en silencio

Por las sombras que se ausentan

Por las maletas sin dueño,

Por la guitarra que no tiene manos,

Por el patio de una casa lejana,

Por las calles donde te pierdes,

Por el adicto a su miseria

Por el que miente y se engaña a sí mismo

Por el que espera en la esquina una porción de amor.

 

Quiero callar hacia dentro

Por el opulento y los enjambres,

Por los monumentos destruidos en la historia,

Por los cadáveres sembrados por la guerra,

Por los árboles sesgados en la tierra,

Por el gas abierto en la cocina,

Los astronautas que flotarán siempre,

Y los marineros ahogados,

Por las radiaciones y sus secuelas

Por los hombres que idean armas semejantes

Y  por las estrellas que mueren.

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