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Poesía desde el silencio

Fran Ignacio Mendoza, 18 de febrero  de 2019.


La sensibilidad, esa cualidad humana imprescindible que debe poseer cualquier persona que siente la necesidad de expresar  inquietudes o sentimientos,  cada artista siempre que lo sea, cada poeta si realmente lo es, en este caso,  la poética de Eldan, se traduce en estos versos trazados con tiento, como el artesano que va hilando trenzas de tejido, sin prisas, con minuciosidad, eligiendo colores, aquí y acullá,  vocablos que evocan la ternura y la nostalgia, referencias universales entre los grandes autores.

Madurez y poso firme en las imágenes transmitidas sin filtros ni adornos, así como los detalles tan cotidianos, que a primera lectura, puede no  apreciarse la fuerza y la levedad casi mágica que contienen, porque es parte del engranaje de un todo, el del verso que liga perfectamente con el posterior. Un ejercicio de  sencillez y a la vez, grandeza poética.

Así nos dice el poeta, en su ‘Poesía’: “El poeta lucha por salir de los silencios; retuerce la belleza serena y tierna…/ La poesía crece lenta, late suave, mira de lejos y habla poco/ Descansa y escucha porque sabe que el hecho de buscar un oasis no calma la sed.

Este breve poema podría resumir toda la esencia del poemario ‘Punto de partida’, sin hacer que desviásemos la atención hacia otros puntos. Es un objetivo concreto, un trayecto seguro y con paso firme…”La vida debería ser una tarde nevando fuera…”  nos evoca en otro poema, empezando el poema  ‘Una tarde lloviendo’, y prosigue: …la nieve no se cansa, está; calla incluso cuando se queja/ por las descuidadas pisadas.

Estamos ante el poeta de lo sigiloso, el artesano del silencio, que nos presenta las imágenes  que nunca vemos, pero las que no se van de la memoria… Parafraseando algunos de sus versos.

Es el poeta del miedo y la soledad, de los pequeños gestos que apenas se aprecian pero están: “tengo miedo de salir a la calle/ y que la calle no sea mi calle, que todos se extrañen de verme y que haya ratas…”

Ese último verso, “que haya ratas”, nos define bien el alma indefensa del hombre y sus temores, comunes a muchos, la versión a las ratas, a ser desconocido, a perderte en  tu propia ciudad. ¿A quién no le ha ocurrido?

Punto de partida, es una colección de poemas, que nos ayuda a reflexionar desde lo ínfimo a lo profundo, sin apenas advertirlo, ese es su juego, la clave personal que sabe usar como un trabalenguas, no para confundirnos, jamás, es una poesía de la razón y de la mesura reposada que solo el tiempo da a ciertos poetas, en los que vale la pena invertir el tiempo y leer. Dejando que sus versos se posen a su ritmo y nos den otra luz.


Fran Ignacio Mendoza


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