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Terminal Babilonia -Updated-

 

Terminal Babilonia -Updated


Fran Ignacio Mendoza


 


 


Preámbulo

 

Esta vez sonó como estampida.

Volcado en un intento de cielo,

Había ido construyendo

Un oscuro sótano de mentiras.

 

Lobos que acechan el sueño primitivo,

El mar que yace en las venas

Y el cuerpo que corre y que tiembla,

Frente al deseo innumero enfermizo.

 

Luego, amigo, contrae los vientos

Y todo se escapa, el celo se desvanece,

Meseta última y desconocida,

Ya  siempre, para nunca esta vez.

 

El sol tiene miedo de irse,

Tiene miedo de mis pasos,

Cuando del mundo huyo, cruzo y vuelvo,

Queda el recuerdo de las palabras de antes,

El áureo clima que me alimentaba

Sin evocaciones postreras.

 

Preso hoy de crueldad contagiosa.

Presa de  una incógnita compruebo

Mi aturdimiento, mi ligera demencia,

Y la inconstancia que se aprovecha en tanto.

 

Hoy empieza el décimo octavo sacrificio,

Sin cumplir con la tarea acumulada,

Sé que a veces he cedido y en el alma

Hay tanta costra que habré de rasgar años.

 

Colecciono momentos difíciles

Que luego me persiguen fustigando

Como lúgubres mantos de culpabilidad,

Levanto esta roca y el mundo

Arde en mis yemas al tocarlo.

 

El agua que todo lo refleja

Y delata a los cobardes,

Me exclama voces de socorro

Y el eco se transforma en un Dios

Al que debo rendir mis fuerzas

Y entregar este tormento decadente

Para que ponga cada pieza en su sitio.

Y el poder no se jacte de mi inocencia.

O de mi insignificancia.

Tiro de un hilo de sol.

 

 

 

 

La zona terrenal

 


 

Al quebrarse las terribles dudas,

Solo ahí, en el pantano que atravieso,

Abandono mi zozobra de fantasmas,

Mi fobia ancestral defendida siempre

Por sietes y arces.

Si amo el cristal empañado

Por un aliento esta tarde,

Acudiré para cumplir. ¿Sabré?

Tenderé a lo imposible

Hasta que asomes, cacho de cielo…

Alquitrán que mis labios rozaran en la espera,

De  la nube que me ensalza y aprisiona,

 Jamás divulgaría mi vagar a ciegas

Por el subsuelo húmedo

De las mil sombras.

De hendiduras con mis ojos,

De vómitos en la preñez del deseo,

Que fustigara mi ansiedad

Al resbaloso veneno de tus ingles,

Para aflorar en un ardid de vísperas,

La beatitud hacia tu ser, que sin rabia me posee.

Lánguidamente, de cálido esplendor

En mi beso pulula la insistencia,

Por el ascendente pasillo azul,

Acaso donde el averno nos deparase,

Difusos nuestros destinos. Todo.

Menos esta zona.

El quicio de sutiles brumas

Y terrena arboleda que recorrer

Y acostumbrarnos a ella  como a  los besos.

Al quebrarse por fin, las terribles dudas.

 

 

 

 

 

Danzas tristes saturnales

 

Solo al margen de la noche,

Con esa laxitud que evoca a los sauces,

Descubro una amalgama temporal

De roces secretos y densidades.

Ninfa en sumersión silente,

Atleta arcano y dócil que imploré,

Entonces tejiendo vínculos ficticios,

Para arquear el firmamento

En la línea de la siesta,

En ritual de ordenación o cura

En el ejercicio de comulgarte.

Solo dentro de la periferia de los saturnales

Muevo los ojos hacia el alero

De abstinencia corpórea

Y me redimo contra la inanición glacial

Que eclipsa todo delirio.

Aquí, sólo, estudiando eternizarme

En el deseo sacramental que me detiene,

Cuando adoro a los centauros si no estás,

Y asisto asiduo al laberinto ignoto

De las danzas tristes y herméticas,

Como alma de gema,

Como onda invisible.

 

 

 

 

 

 

El secreto de las moscas

 

Dice:

Yo tengo un pez,

Tengo un duende,

Gusanos me velan,

Tengo un regimiento

Que corroen el sueño

Y roban sangre.

Mira:

Esto es un pez,

No es  un duende,

Calle abajo el pueblo es sombra,

Los locos nos miran,

Todo un regimiento,

Saltan barreras

Y eyaculan resina.

Oye:

Solo soy un pez

Que resbala por tu espalda,

Caen gotas espesas en mis pies

Si el celeste se inquieta,

Luego mis actos me persiguen

Y se asoma aquí el silencio.

Huele:

Esto es un cuerpo,

Efímera materia sólida,

Las moscas son las que observan,

Los trenes los que chirrían,

Los túneles los que orinan

Un riachuelo de miserias.

Toca:

Estas escamas suaves,

Esto es un vientre

Amado entre esponjas,

Hierro en tu saliva,

Cuando siento tu deseo,

Recibo el más cálido oleaje.

 

 

 

 

 

 

Diálogo con sombra

 

- Te he visto.

Cruzando el puente hacia la otra orilla

Con el alma volando en tus ojos.

- Te has ido luego.

Así nacen las sospechas,

Que solo resucitan imágenes,

Con el significado exacto.

Resucitan los augurios,

Violáceos trasatlánticos

Regresan del Adriático,

En Zig-zag sobre  relieve geográfico,

Mostrando tu petición primitiva.

Ahora por el túnel de equipajes,

Éxodo masivo de la alegría para mañana.

Grúa con pies de pato

Levanta moles pétreas,

Pilares que abarcan  soledades,

Hace ya un sueño de caos.

La laguna tuerta de nudistas

Recibe mi cemento-abdomen húmedo

 Y caliente de rosales,

De alquimistas flemáticos suicidas

Desaparecidos en novelas.

-          Te vi.

 Te fuiste luego.

 


 

 

 

 

 

 

Onírico balcánico

 

En el andén, había un leve olor a muerte,

Se confundían los días con tanta arena,

La ingravidez con las estrellas,

El descanso con la espera.

Debo apresurarme, son las 9 aquí.

Los viejos jardines de Sofía,

Enmohecían mi espalda,

Y todas las sospechas.

Debo marcharme, son las 10 aquí.

Desperté en una playa, cerca de Burgas,

Donde un grupo de mujeres

Cargadas de lavanda,

Me curaron la herida

Y me ayudaron a vestirme.

Me recostaron al socueyo del viento

Y tuve este sueño.

 

 

 

 

 

 

 

Porto- Colom Babilonia

 


 

 

 


 

Poseidón aclama bellos cuerpos,

Armazones dorados en cofres hundidos

Bajo el reino de sus aguas.

Funestos andamios roen el tiempo,

Felicidades eslavas fenecidas,

Trágicos desencuentros balcánicos.

En línea recta el Mediterráneo

Esculpe clamores divinos,

Fenicios amados en estas calas,

Búlgaros sodomizados en esta arena.

Adriático filtra el sudor

Del continente de los mercenarios,

De los traicionados por sus vecinos serbios,

De los desorientados en pleamar,

Atacados a sota vento

Y arrojados al abismo.

Ancestral Egeo, recibe esta agua,

Diluidas en sangre de víctimas y héroes,

Celestes arterias, azules y rojas.

Vierte ante bizantinas antesalas del imperio:

Amantes, seducidos, prisioneros apasionados,

En apasionadas destrucciones de Babilonia.

 

 

 

 

 

 

 


Otro diálogo

 

I (La espera)

 

Dice:

Alguien remueve mis notas.

¿Los capitanes del averno?

Los dictados, no,

La locura, sé que no.

Pásame el azúcar y tiembla,

Porque pienso herirte con mi espada.

 

II (El retorno)

 

La ansiedad calmada por la química,

Ahuyenta el pesar y la flema,

Larva creciente en el río de tu sangre,

Loba furiosa por vengar los agravios.

 

-Puerto de la Mora- Granada-

 

Lavaba en el reflejo de la tarde,

Los finos paños y las túnicas moradas

De la penitencia bien enjuagada.

El olor a almizcle se esparcía

Por el monte y el agua que santifica,

Y se perdía entre destellos áureos

De la luz del sol entre los árboles

Y se posaba en “La fuente de los enamorados”.

 

III (El romance)

 

Por tu perdón,

Cuanta sangre correría,

Por otra noche

Acariciando tu cuerpo sin sueño,

Cuanta sangre vertería.

Eres mi latido,  mi sueño bermejo,

Azufre divino que tus ojos me lloviese,

Gustoso bebería,

Me zambulliría en el cuenco del silencio

E insomne guiado a gruta satánica,

Al secreto pozo de tus dragones carniceros,

Al saliente y al abismo arcano,

Al terreno pantanoso

O a la lúgubre grieta negra

Donde habita sin duda, la humillación.

Solo y errante,

Al regazo de tu sombra iría.

 

IV (La espera)

 

Oye:

Alguien araña mis paredes.

¿Las águilas del imperio?

La descarga no.

Lo perentorio sé que no.

Descálzame y tiéndete junto a mí.

Porque estoy herido.

 

 

Augurios de Ángeles

 

 

Rastros husmeados y santos estigmas,

Trompetas celestiales, anchos corredores,

Lagos públicos de Babilonia,

Cármenes orados y jardines maltrechos,

Furtivas e insinuantes ondas de suplicios,

Gélidos nocturnos arrozales

Y la palabra siempre virgen.

Ronda de bandoleros y sombras gigantes,

Mantones en el ruedo y desazones,

Amante en el tendido y viril estocada,

Carne frutal de solsticio y arena,

Corpulenta ama loba que aúlla en el coso,

Renegado semen vertido y sangre

Espesa corriente sobre el pecho dolido,

Y los ademanes últimos del sufrimiento.

Redimirnos a los toscos y lugareños,

A una Arcadia de quimera y lunática,

Temple ante la muerte desvestido,

Rendición que no es perfidia ante los corceles,

Hombre en clamor de combate oculto entre dunas,

Delirio terrenal cabe a la ternura,

Donde los ángeles bogan y los demonios anfibios

Nos regalan valor y antorchas.

Rosas y las palabras terrenas.

Rosas.

 

 

Azur

 

El azul temor de los infames

Rema a través de tonalidades neutras

Hacia el arco volátil, que la sensibilidad posee

En conflicto con nuestra razón.

La adversidad acapara todas las salidas,

Y ocurre que luego, una fuente de energía

Arrastra fértiles sexos y acorrala

Bajo razones marciales.

Goma-2 se atarea con la carne abrasiva.

Jonás miró hacia abajo,

Ordenando a sus congénitos

Que reparasen la tierra.

El cielo quema y la resistencia

Ocupa varias hectáreas solares,

Donde los efebos complacían sonriendo,

La ruina va extendiendo su margen.

Curte el sol la piel este milenio,

Y las nieblas ya no existen en Ucrania.

Tres años hará que no llueve,

Pero bebemos agua tratada.

El azul rompe contra mis miembros,

Hiela mis pies y escapa del planeta

El deseo de los hombres al atardecer,

Privados de toda iniciativa.

El Dios de todo comprueba amargamente,

Como los blasones militares resplandecen,

Mientras los sentimientos pierden los tonos,

Y lo fácil que es engañarnos… Infelices.

 

 

 

 

 

 

 

Perdido el cielo…

 

Habíamos perdido el cielo,

Algo en lo que creer, sin nombre,

Y el laurel de convicción acérrima

Se secaba en nuestra sien

Vapuleada por incesantes vaivenes.

Dios y los otros no estaban.

Era el momento preciso para la sublevación,

Vistiendo el gozo más puro

Para la comunión furtiva,

En contra de las plegarias rendidas,

En contra de toda falsa adoración.

Habíamos claudicado en este terreno

Y entonces los mártires causaron baja,

Y las rosas amarillas se cuajaron

De sangre roja y duda.

Jonás y los cetáceos

Emprendían el último exilio.

 

 

 

 

 

Captura del mar

 

Guerreros y flamencos

También regresaron.

Volvían las lunas

A mecerse en el agua,

Cristalizando el movimiento de su  halo,

Restableciendo luego,

Una quietud perfecta,

Rompe,

       Cuerpo,

             La línea,

Profunda que el mar señala.

La orilla prendida a tu talón

Y tus brazos cubiertos por las algas.

Donde este clamor a veces se acalla.

Un aleteo parte el azul,

Con tersura abre sus pétalos una flor,

Se contrae el cielo de nubes,

Me ha rozado esta rama débilmente.

Cuenta,

      Formas,

              La infinita

Llamarada de luz que emana.

Regresa, ahora que te pienso,

La brisa a humedecer mis labios,

Y mis manos se entierran

Buscando tu cuerpo perdido entre la arena.

 

 

 

 

 

Dime,

  Trae,

         Gaviota

La palabra recuperada ahora.

Es la noche que nos respira,

Nos menea y sacude levemente.

La pasión se enciende en la piel

Este instante,

Y no te encuentro.

Las lunas y susurros

Escalan con la niebla,

La mañana asesinará las sombras

Y los deseos inacabados.

Corazón,

      Palpita,

        Herido

En la arena.

Despierta, tose y esputa…,

La aurora y él se levantan.

Queda la huella y el olor,

Y los besos perseguidos se borran,

Cerrándose al paso por las olas.

En la playa, solo,

Pinto corazones que la espuma desvanece.

 

 


 

El amor salvaje

 

Donde los hombres azules

Tienen el corazón salvaje

Y las cigarras de la siesta

Aman el bosque.

Los frutos prohibidos

Cautivan al amor virgen.

El aire lleva prendido mil olores

Y me arrodillo besando tus pies.

Los hongos tardíos

Se abrazan ahora con las flores

Y el manto celeste acaricia nuestros cuerpos,

Cómplice, cobijándonos bajo árboles,

Donde las cigüeñas calentaron sus nidos,

Las hormigas nómadas muerden con celo su víctima.

Corre el aire y nos apresa un momento

Cuando unidos fondeamos hacia adentro,

Cuando los ruidos cesan en la noche.

Los lobos aúllan, acorralan la hembra,

La mano resbala de sudor temblando,

Bajando tu abdomen, ascendiendo tu espalda.

Y en el ardor final,

Las cigarras enloquecen su canto,

Los pétalos alientan los romeros,

El río fluye amante y se ensancha,

Emanan mil susurros de la hierba,

Las hormigas vuelan,

Las cigüeñas descienden al lago,

El aire nos falta y la montaña cede,

El pecho se dilata  y el vientre se hunde,

El mar eyacula algas…

Entonces los hombres azules

Gotean de la frente cristales de cielo.

Y vuelve el aire a los pulmones.

 

 

 

 

 

Onírico eterno

 

Sólo a la luz de la furia

Me aplasta la voz que la noche no vence.

Derribo por la distancia un eco doliente que paraliza,

Y la erosión que calmara continentes.

Astros irascibles en el corazón existen,

Cuando se derrama todo lo posible,

Como lácteo manantial de tus pesares.

Rojo latente, casi fuego de unos ojos,

El momento “piano”, carámbano después,

Donde el amor no es edén,

La locura se nutre de lágrimas.

Y no se está, no se siente, no se es.

Sólo a la luz de la tristeza,

El ímpetu es apagado mortecino.

Pero el amor desciende de sus residuos

Y acuesta el odio entre los brazos que dicen las lunas.

Sólo a la luz de la fortaleza,

El tormento me atraganta cruel,

Mientras crecen hierbajos entre las uñas,

Y la ternura está tan cerca que la rabia persistente lleva a la evasión.

Duerme un poco, sombra amada,

Cadalso infinito del gladiador enajenado.

Yo perduro a salvo en tu regazo,

De mañanas preñados de besos que siempre huelen a paz.

Sólo a esta luz de la tortura,

Más que nunca se necesita de la sangre amada,

Como vampiro con sueño de existencia insaciable,

Pero con tu sueño compartido en el espacio.

 


 

Dice

 

Dice la fuente

Que el reloj se adelanta

En el golfo de tus ojos,

Si no vuelves raudo,

Con tu cansancio dispuesto

A una siesta.

A la hora de la siesta,

Arrima tu vientre a mi espalda

Y echa el brazo por encima.

Dice el reloj

Que la fuente se atraganta

Con el sorbo de tus labios…

Si tardas.

  


El agua

 

Oleré tu sombra un instante,

Tu ausencia que inunda esta habitación.

Ahora, por la arteria de tu cuello correré

Hasta el pozo liso de tu vientre,

Ahora el sol, lo que no sabe nadie,

Se inserta en mi sueño para sosegarme.

Las orugas crecen bajo la cama,

A oscuras me tejen un tenebroso pasillo

Donde acantonarme para siempre,

Si no te acercas pronto.

Vientos de avenidas y cruces

Se hincan en mi frente,

Deshilvanando frases en la espera,

Masco las horas, como uñas…

Devoro el momento,

El halo inexistente de espíritus

Sacrílegos que me apelmaza.

Yo te sigo por este laberinto

De ciudades destartaladas

Y hormigas, masas carniceras.

Como otra agua adherida al río.

Soy el agua.

 

 

 

 

Ardiendo

 

En el fondo de los ojos

Una almohada no es rutina,

No es la turbia confusión

Que trabaja con limas

Cerca de los astros o el corazón.

En todos los sueños

Las paredes ardían

Como mis dedos en tu cuello,

Auxiliándote mi legión de nervios,

Aún hoy, los caballos trotan por la cortina…

En lo cercano a la dicha,

Un susurro no es pobre por cansancio.

Te mirabas en mis ojos,

Y yo te hubiese sostenido en mi iris,

Para esclavizarte unido a tu reflejo,

Unido a ti, no como a las cosas.

Te acaricio

Y un súbito volcán

Se enmaraña en nuestras venas,

Bebiéndote…, ardiéndonos.





Entre la sombra

 

Entre la sombra

Que agujas clava en el olvido,

Se eriza el temor de los misterios.

Aún es la hora de cortar silencios

Para el álbum de sospechas,

Lo de ayer, la encarnación y esta hora,

Residuo fosilizado de pesadumbre.

Si lo invisible es un beso,

Cae la nieve entre mis muslos,

Dulce, apretada, consecuente,

Se ajusta a mi voraz ansia,

Roe lo sabido, templa lo desmesurado

Y destrona todo lo efímero.

Cáliz. Sed acaso voluble,

En recio atardecer de faunas ópticas,

Luego locuras bajo interiores.

Arcaico final, rezar replicando,

Suspirar por lo reptil

Y rasgar el vasto lienzo

De furias occidentales y contenidas.

Entre la sombra.

 

 

 


Solos

 

Solos…

Resignación al trote de un unicornio futuro,

Rojo de nubes sangrantes.

Paraíso.

Acaso un refugio de halcones,

Un arrecife de pensamientos.

Solos…

Cráter nacido de los besos

Que ensalzaran los amores de mil hombres.

Ases.

Dueños de corrientes tempestuosas,

De ventiscas, rayos y cabos sueltos.

Solos…

Corte final del corazón, donde los elegidos

Proclamarán un camaleón bendito.

Cristos.

Crucificados rayando átomos

De tristeza pura y renacentista.

Demonólogos.

Exorcismos crueles del poder altivo

Que no nos cautivará, no.


 

 


Internacional

 

Eneas fronterizo, se integra

Bajo la losa de los sueños tejidos,

Hierve en mis venas

Como virus arcano voluptuoso,

Lava detenida tantos siglos

En esta página por leer, clamando.

Acompáñame, ven, que yo no temo.

Me vence el deseo,

La necesidad terrena impera,

El olor de tu piel eriza mi vello,

La sangre trota sin tregua.

Me apresuro, me resbalo hacía ti.

Eneas internacional,

Se pone el sol en esta área,

Donde se cruza el tiempo,

Aquí hoy es lunes, las diez casi.

El teléfono suena, contesto.

El próximo sueño que viene,

Te contaré el secreto.

Porque tú vienes en mi sueño más secreto.

 


 


A concertar una cita

 

A concertar con el negro de cuchillo azul

De tu pelo, bajo la luz a esta hora.

El timón de los abatidos abandonado

De los que sueñan en pez

Y a la cola de los destinos.

A perseguir el pie-barranco

Donde retumba el último paso dado

Y la sed de las tortugas en tu pecho.

A prender como soga ardiendo

Hasta el zócalo de la nube ceja,

Que impregna el cielo de temores.

Acuchillados por el cuchillo azul de la memoria,

Que sobre el mantel desmigamos.

La llave que guarde la obcecación enfermiza,

El pus que brota de la herida más remota

Y el beso más dulce de los relámpagos hambrientos.

Sintiendo la muerte como un traje vendido,

Paseado el siglo entero por las calles queridas.

Ceder, a ceder el monte de pesadillas

Y la pila creciente de preguntas,

De ruedas desinfladas de viejas dudas,

A este lado, en el ámbar del hígado doliente.

Lanzados al abismo como satélites,

Harto experimentados en lo cercano a la aventura,

O lo cercano de las pestañas a la mirilla.

A concertar con el soplo de aire que nos llega,

Una cita pues.

 

 


 


Destitución personal

 

Confusión y locura

Come la razón y no manzanas,

Se alimenta de los rastros que apestan

Y en los momentos que la sangre se enfría.

Arcas de sentido

Consumen los días y no torrentes,

Ni fisuras ni acantilados, solo la huella perfecta

Corrompe el dictado del firmamento

Y los dictados mal entendidos.

Miedo y usura,

Arrastra el valor sin pureza,

Cuando el calor ígneo de unas manos,

Era el delirio cotidiano,

Y el temblor del corazón, una esperanza.

Resina y deshielo,

Mellas vacías y paralizadas,

Torpes ondulaciones agigantadas de la mentira,

En las orillas macilentas del tormento.

Cama abandonada y cajones revueltos,

Cráteres despiertos que amenazan y escupen,

Ojos que se clavan y la piel se eriza.

Rostros queridos que dormitan en el olvido.

La desobediencia y la verdad,

Surcan sus garras en la desolación,

Y entonces, hay un clamor universal

De apisonadoras.

 ¿Quién vislumbra la esencia libre,

O la justa actitud de conciencia,

Que los hombres orean y confunden,

Y las palabras taponan

Y como la arena desertiza?

 

 

 

 

 

La pasión o Lorca infinito cuenta tulipanes

 

Rojas de sangre,

Largas y lentas emigraciones,

Tras el último reconocimiento sobrio,

De omnipotente ciencia

Al construir, al pensar así,

Sólo, esperándote.

Rojas tardes casi amarillas,

De besos que tardan

Y un abrazo contra el suelo

Redime el ansia carbonizándose.

Lodo se hubiera vuelto,

Para secarse bojo otros soles.

Limpias pero tan tristes

Horas cargadas de vigas,

Que pesan como ligeros mares.

Lánguida mirada perdida

En campo de lucha incontenible

Y en caminos que borra el aire.

Rojas, con más orgullo

Las ojeras penitentes del desprecio,

Arma infalible que desata los puños,

Trompa que rompe y despedaza el cielo,

Rienda que la mano suelta a sabiendas…

Lonja solitaria de pescadores muertos,

Pirámide de ofrendas canceladas.

Rendimiento carnal,

Si el verso escupe hierro y se forja.

Manada de corceles áureos

Bajo los últimos destellos estivales…

Lorca infinito cuenta tulipanes.

Mis manos se atarean con el puro fuego

De la entrega.

 

 

 

 

 

Onírico futuro

 

¡Dios mío… qué soledad tan clara!

 

Huída nocturna de Granada,

Con el ácido escozor aún en los ojos,

Del verbo desamar instaurado,

En el taxi repleto de pertenencias

A ningún destino…

Taxi que no encuentra salida entre el tránsito,

Y no llego a tiempo a ninguna estación,

Los minutos corren como galgos,

Mi cabeza y el tren se escapan.

Un sorbo de café únicamente,

Nada más en el estómago desde anoche,

Solo vacío y tristeza de la tierra.

Huida en el sueño

Sin motivo explicable,

Con la sensación de no tener tiempo,

De no tener pies ni músculos.

Sudo y me apeo del sueño

Con el temor al paso del tiempo

Y no saber hacer frente al viaje.

 


 


El Ejido (elegido)

 

Volúmenes escritos,

Roncas las voces al alba,

De los hombres enfermos,

Si lo primero, lo segundo, lo tercero,

Suma la mirada quebrada

En cactus o carne desabrochada,

Enternecida luz en la miseria.

Costillas partidas,

Piernas amputadas,

Corazones inyectados,

Todo cabe en la ternura:

Arcadas de lujuria,

Escáner de tu sexo,

Arcones vacíos de los sótanos.

Eyaculaciones espectrales,

Desatar los cordones de la locura,

Rezar postrado en tu cuarto.

Cardos ardiendo por la meseta.

El ojo delata el instinto:

La hiel contenida, la desgracia impuesta,

Animal abandonado al destino,

Pensamiento desequilibrado al mediodía.

En añoranza de cuerpos separados,

Bajo peso almidonado, ofrecen culto al onanismo.

Este desierto de toros y libros intactos,

No bendice ni purifica,

Solo el mar traerá el elegido duende,

Que cierre este capítulo sin lucha,

”carpe diem” a la suma de sombra y luz.

 


 


Han  muerto

 

Han muerto días enteros,

Largas noches en vela han muerto,

Voces silenciadas, besos huecos,

Esperanzas…

Han caído sin vida, seres que te vieron

Sonreír, seres de la misma sangre,

Amigos, hermanos, vientos agrestes, fuegos

Fenecidos todos al amparo del olvido.

La vida llena de luz no entiende de sombras

Cada aurora.

En el cuarto de los recuerdos,

Quedan las miserias, las huellas y alientos idos.

La luna no entiende de dolor,

Y ahora me vuelvo hacia atrás,

Y cuento sin dedos, muertos…

 

 


 


Mirada sola

 

Muda la sala,

Sola, designada a almacenar

Memorias silentes adheridas

A este aire encerrado.

Destellos de locura gravitan

Y pululan donde la sola invasión

De lo celeste, entonase melodías

En aras de un ayer glorioso.

Mirada perdida en los cajones,

Agua vertida en plantas que mueren ya.

El corazón asiste empujado a visionar

Lo indecible y temblando arroja

Y acarrea maldiciones en sombras,

En huellas inevitables.

Mirada que fuerza al sol de la alegría,

Obcecada bajo tormentas repentinas.

Dependiendo siempre de un cómo.

Sola, de inicial denegada.

Muda y auscultada,

Perfora aquello que jamás compresor pudiera.

Destapa la trampa familiar que ordena

Cuestiones plomizas, perdones, odios…,

Y excusas que no tienen pero.

Ahora a lomos de la duda,

Evita enfrentamientos y elude lo certero.

¡Pronta la mañana que el olvido rescate

El pesar que acuoso fluye,

Impidiendo cicatrizar la herida que acusa!

Pronta la luz que abarque esta sala

Y recuperen su color todas las cosas.

27/12/2011 18:12 Fran Ignacio Mendoza #. El trastero del corazón No hay comentarios. Comentar.

Poemarios y Relatos

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Poesía

La Eternidad Efímera   -Primeros poemas- en fransilvania.blogia.com y en www.escribaeditorial.com

El Exilio Voluntario   1982-86

En Aras de un Susurro que Nunca nos Llega 1984-94  - publicado por Ed.Recerca.1999 -

Terminal Babilonia  1988-90  - publicado por Ed.Recerca. 1999 -

Los Colores Vividos  1993-94

Del Color que Destila Afortunadamente la Pureza  1995-96

Opus XXI  2000-01 en www.bubok.es

El Trastero del Corazón   en: www.yoescribo.com , 2002-03

Todas las Herramientas    2004-05

Terminal Babilonia -Updated- 2007-08

 Pequeñas Grandes Máximas  2009-10

Las Palabras Justas  2010-11 (en proceso)

Relatos

Los Años de Gloria 1998-08

Otoño en Praga 1997-98 (inacabado)

Los Países profundos  publicado en "El fill d´Ariadna" Ed.Pruaga-Recerca, 2000

23/11/2011 12:39 Fran Ignacio Mendoza #. El trastero del corazón No hay comentarios. Comentar.
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El trastero del corazón

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Apertura I

Vacío

 

El vacío es mirar, una vez perdida la ilusión,

 Por los rincones, el auge del desorden,

Cómo el polvo va ocultando el fondo,

Ácaros del sueño, libros inacabados, notas,

Difuminado el ímpetu impulsor de ayer..

 

El vacío se aloja en el corazón desierto,

Aviva la llama de lo abominable y traduce

Lenguajes oníricos: quejas localizadas y hondas,

Deseos ocupando el sitio destinados a no serlo,

Imágenes muy vivas:

 

 

 

Verme desnudo

Y ya sin la costra del pasado a cuestas,

Liberado del peso de los chantajes:

Siendo simple admirador de lo que admiro.

 

Ahora que conozco la sombra del vacío,

Me apresuro con mi hacha de luz, aún,

A socorrer los interiores oscuros de mi ser,

Haciendo añicos los marcos

Para que no me pongan ventanas en los ojos,

A descomponer  la inercia habituada,

Y a pernoctar de nuevo, aunque esté solo,

Bajo un cielo nítido que restaura la mente.

 

 

 

Apertura II

Síntoma

 

 

Se han ido los largos días de la negación,

Los angostos pasillos de la impaciencia,

Los cajones vacíos de recuerdos inservibles,

Las manos que estrangulaban la ansiedad.

 

Y con ellas, el rechazo que no justificaba

La pobre angustia.

El rapto lento de mi alma

Hacia los fondos pantanosos

De la locura tan débil...

Y los amigos sin alma... se han ido

 

Y en su lugar se instaura

La luz ansiada en trazos y  sueños,

La pulsión viva de lo definido... al fin,

La inmensa llanura de serenidad creciente.

El sorbo dulce de un beso esperado sin tristeza.

 

La inagotable sensación de haber nacido dentro,

Despierto el ángel que detenido se iba muriendo,

Ahora cobra vida y recupera el aire,

Alojándose y cómplice entre mi sangre,

Adhiriéndose cual horma a mi corazón.

 

 

Apertura III

Esquema de un rapto

 

 

Vigilante la mirada se esparce,

Repasa el material disponible...

Cómo no emanan lúcidas ideas

En desestimados momentos.

 

Cómo se impone la pereza

Y desfigura el carácter.

Senilidad combate a la energía

Y descienden del cielo

Los grandes paréntesis.

Cerrando la equis de la pasividad,

Repitiéndose infinita,

Cuando la inocencia aún procura

El salvavidas...

23/11/2011 11:23 Fran Ignacio Mendoza #. El trastero del corazón No hay comentarios. Comentar.

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Apertura IV

Rapto del alma (Baudelaire)

 

Son los segundos.

El frío de las paredes.

Acuarela pálida de la memoria.

Son inaudible del pasado,

Que graba la piel

Y disipa el alma.

Son las paredes

El frío en la piel

Memoria  monocroma del recuerdo

Que cuartea la visión

Y  absorbe el alma.

 

 

 

Apertura V

 

 

Un vaso de plástico rueda

Arrastrado por el viento

En la calle ancha y solitaria...,

Como esta ilusión sin nombre.

Los tamarindos del paseo

Mecen sus ramas ya secas

 

Cómplices de tanta miradas.

Y besos robados

en los bancos vacíos de la plaza.

El abuelo que cruza cabizbajo,

deteniéndose ahora,

con grisáceo mar de fondo;

y el corazón sediento,

niño siempre,

preparándose para el ocaso

que le aguarda.

 

 

Apertura VI

 

 

En el fondo creo en Dios,

En la bondad del silencio.

Hay piedras que lloran y confiesan,

Un  amigo desconocido que sueña,

Una porción de aire que nos pertenece.

¿ Qué prisa nos mueve a negar el infinito?

¿Qué evidencia nos mantiene impasibles?

¿Qué aire nos empuja sin detenernos?

En el fondo creo en Dios

Por la evidencia del silencio.

 

 

Apertura VII

 

 

¿En el fondo creo en Dios

O en la bondad del silencio?

No hay  solo una respuesta.

Hay piedras que lloran

Y no expresan su dolor,

Un amigo desconocido aun

Que me sueña,

Un lago de secretos.

23/11/2011 11:22 Fran Ignacio Mendoza #. El trastero del corazón No hay comentarios. Comentar.

Opus XXI- 2011

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Opus XXI -  Fran Ignacio Mendoza,  en www.bubok.es

 

 

Opus XXI, es un poemario donde el verbo cambiar se hace materia,inauguración de siglo, de percepciones y modos de expresión significativos.

Aquí, el lenguaje es el juego, la nota y el mensaje concreto,no se busca el verso sonoro, sino la musicalidad de la palabra en sí.

Dispara el secreto a voces o en clave. Pero siempre perceptible. Las verdades sin miramientos, entre el  sarcasmo y el  cinismo propios de toda su obra. En estos poemas, se multiplica su  inagotable dominio para hacer del verso una definición visual o descriptiva, cuya finalidad, es la de  hacer protagonista al lector.

En este poemario, el autor inicia y experimenta una andadura nueva sin  retrocesos.

Aquí,  avanza hacia la claridad del mensaje, como en los inéditos aún (“Todas las herramientas”, “Pequeñas grandes máximas”, “Las palabras justas”, entre otros),ha ido dejando cada vez  más definida: la soltura de la sencillez, lo mínimo, lo exacto…

Lo preciso.

 

 

“…donde tú mirabas ayer,

el sol nos daba otro color.”


 Ernesto Larroca


otro poemario publicado recientemente:

- La eternidad efímera 

en www.escribaeditorial.com

31/10/2011 18:46 Fran Ignacio Mendoza #. El trastero del corazón No hay comentarios. Comentar.

La Eternidad Efímera (Primeros Poemas)

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A ti, siempre

 

 

Cuando te miro con los ojos

Que contemplo a la luna,

Se me hace que estás tan lejos como ella...

Y un día te miro sin los ojos de la luna,

Y al sentirte tan cerca, salgo despedido.

Olvido que poseo unas manos

Para escribirte.

Si supiera que la noche iba a ser eterna,

Te estaría esperando,

En el campo abierto,

Con el alma abierta.

Con fe ciega.

 

 

Anochecer

                                              

                                                                       “Silencio y soledad nutren la hierba,

                               creciendo oscura y fuerte,

entre ruinas...”   Luis Cernuda

 

 

Cae la noche una vez más,

Una vez se cierran los ojos,

Se esperan los sueños,

Se aprietan los puños,

Una vez más, por no gritar.

Se abren una vez las paredes,

Se vuelcan las sombras,

Inundando el corazón,

Ayer saciado de luna y mar...

Cae la noche lentamente,

Las estrellas se descuelgan

Deshilvanadas del éter

Destinadas a los cementerios,

Y a todas las ruinas persistentes,

En el alma, una vez más.

 

 

Descendencia

 

 

 

Yo vi los dulces labios

Rodearme hasta el borde de la playa,

El borde confundido por las olas

Que quisieron atraparme

Antes de pronunciar el beso.

Estuve indeciso

Entre el mar y la arena,

Y me detuve apreciando

La oscuridad de un cuerpo tendido,

El sabor a sal en unos labios...

En la simetría del deseo.

Corrió la noche por las ciudades,

Y toda la noche sentí la entrega

En mi pecho mudo.

En mis oídos tapiados de duda,

De algas y palabras respiradas

Por un momento, infatigable respiro,

Que hizo de nosotros algo distinto.

Corrí por las noches cuando el aire me faltaba,

Para regresar a la orilla amada,

 Llegar, sentarme y verme en el fondo

Como un amante en los ojos del que ama.

 Al revivir este recuerdo que desciende efímero,

De mi mente extasiada,

Descubro otra vez como aquella primera,

La magia presente que me rodea.

Regresé, desandando por la orilla,

Olvidando la huella de mi cuerpo

Sobre la arena húmeda...

 Y las olas iban borrando mis pisadas.

 

 

Deseo leve

 

                                                           “Quiero morirme,

                                                               quiero la vida sin nombre,

                               lo que saben los hombres,

y los dioses ignoran”   Gabriel Celaya.

 

Va escapándose leve,

Esta tarde sin caricias,

Dibujando haces de promesas;

Se escapa este instante

Y no dispongo de palabras para decir,

O alentar esa raíz que impulsa y es amor y tiembla.

Se han dicho mil adioses unas olas a otras olas,

Se han dicho adiós y han vuelto a chocar con la luz,

Han regresado a la orilla plena,

Con el mismo fulgor impregnado de dulzura,

Posándose en nuestras manos y las rocas.

Va desmayándose doliente,

Esta tarde que acaba,

Y mis ojos cansados miran hacia el horizonte,

Va muriéndose este instante

Que pienso en todo cuanto deseo amar.

Ser parte de algo.

 

 

 

El amor

 

 

¿Y el amor, no es más grande que el mar?

Pero el amor se compara al trigo,

Y a ese haz de luz divina,

Que aparece una vez apenas,

En el avatar de la vida.

¿Y el camino hacía el fin no es más largo que un beso?

Pero sólo el beso puede esperar

Que la razón humana no lo detenga,

O que la cerrazón lo estrelle hacía el abismo,

O a la nube pasajera que se desvanece.

El amor no es luna

Sostenida en pedestal invisible,

Por el beso eterno de un dios arcano.

El amor no es campo de batalla,

Ni canto oculto que se corta,

O la sentencia moral que te ahoga.

El amor es sólo algo incauto

Y que tímidamente se proclama amor a secas,

Que no te condiciona ni te aparta en nada,

Que no te dice adiós una tarde sin ganas,

Con lágrimas de arrepentimiento.

Amar es nitidez y pureza,

 

El desamor es aquello

Que llena  de hastío la paz de antes,

Y los objetos se tornan grises e inestables,

Las palabras y las miradas no tienen significado,

Existir se hace absurdo y deseas estar solo.

Repitiendo esquemas, una oración monótona,

Y es estar más frío que las paredes también grises,

Y ser un bosque inmenso de robles solos...

 

El amor, en tanto, es la llave del tesoro,

El calor que restaura y te confunde con el otro,

La espuma que rompe en su nacimiento

Y lo inunda todo.

El amor preciso, el no sabido,

El que no es palpable con las manos,

Que no se poetiza con el mar y la luna,

Ni con la noche azul del encuentro.

El amor es sólo puro...

           

 

 

El Mar o la tristeza

 

 

Anoche fue cuando el mar se enfureció,

Cuando quemaban las palabras en el pecho,

Cerrado con llave y a oscuras;

Cuando se abrían las puertas

Y entraba el viento arrasando con todo,

Menos con este dolor.

Anoche fue cuando las olas arrastraban

Miles de cuerpos hacia la orilla,

Y los peces morían desamados

De algún vertido o de pena.

La brisa borraba mi figura nublándose la tarde.

Absorto en el firmamento,

Cubierto de ideas y de algas.

 

 

 

El tiempo de una alcoba

 

 

El tiempo de una alcoba y un amor,

Se nota en los espejos,

El paso de unas horas o una década,

Deja un hueco y cría moho,

Queda un rincón deshabitado

Y un triste distanciamiento.

El beso se borra

Y el olvido es un propósito silente,

Mientras en cada lugar hay una fría huella,

Un detalle arropado,

Y una soledad instaurada.

El silencio de los cuartos y el amor,

Se unen en la desesperación,

Reflejado en los cristales,

Y en el aire cerrado, la voz,

La última palabra oída,

Que en su eco estalla un instante,

Para perderse al abrir las ventanas.

 

 

Escribir

 

 

...Escribir.

La necesidad de escribir.

Y tengo el cansancio de los planetas,

Y el sueño de los cetáceos en los ojos.

El tren se acerca a la próxima estación sin sol.

Madrid quedó atrás envuelto en niebla densa,

La niebla que nos hace menos vivos...

La Mancha, surcada de aves

Que traen promesas de lluvia,

También queda atrás.

El paisaje no dice nada que las nubes no sepan,

Los cables se ensanchan, se estrechan y se pierden,

Como los días de la niñez ya perdidos.

Hay cuatro gotas en el cristal.

Llueve apenas.

Un hombre anónimo dice adiós con la mano,

Su mano se mueve lenta, lenta, y va bajando lentamente.

Un adiós para un destinatario desconocido.

El tren prosigue detenido en esta estación fantasma,

No se ve pueblo por ninguna parte,

Sólo una vía desierta.

Asoma leve el sol, el gélido azul pesa más.

El tren emprende el viaje.

 

 

Huir...  morir

 

 

 

I.

Vuelca el mar

sobre mis párpados,

lápidas de cansancio...

Y te diré que tarde lo que tarde la tarde,

seguiré aquí...

 

II.

Derrama sobre mi pecho

tus vómitos de miedo,

que son el eco anónimo

de un vendaval nocturno,

al amparo de un sosiego

Para el olvido de tu  infierno.

 

III.

Erosiona los volcanes

De mis venas: caudal errante

por un cuerpo anochecido,

y te pintaré a ras del cielo

rosas y cisnes nacidos

Por el beso del rocío.

 

IV.

Derrumba sobre mi espalda

las cordilleras vastas del invierno,

- mi espalda costa al Mediterráneo

salpicada de nubes blancas, gaviotas-

y te sonreiré despacio,

Fingiendo el desencanto.

 

V.

Destruye lo sembrado

con el aliento enrarecido e infame

de la indiferencia...,

y correrán las garzas percatadas

de un triste presagio,

huyendo hasta morir...

 

 

 

Más allá (de la razón)

 

 

Base, o altitud hallada

En el sentido de ser flor o piedra,

Una extraña flor.

Hemisferio de un corazón

Que no vuela sobre el agua,

Y sólo se limita a estallar

Como la furia del mar.

Para ocultar la podredumbre

Carnal y violenta.

Y decir que somos así...

Que el sol anuncia un nuevo día,

Que somos así...

Y no sabemos como llegamos a ser así.

Cómo nos rodeó esta niebla

Que todo lo atrofia y confunde,

Y nos deja solos. Bien solos.

Y no comprendemos nada luego...

Ni nos comprendemos.

¡Qué lejos estamos de ser flor!

 

 

 

Mientras mueres

 

 

Sería injusto acariciarte mientras duermes,

Cuando te destruyen los sueños del averno,

Y mi roce quizás te supusiera un puñal...

Y no una enmarañada nube de deseos.

Cuando te separas del calor de la sangre

Y de los labios,

Y deshechas brazos que se estiran

Como playas en celo por el mar...,

Astros y miradas que también

Se buscan y se encuentran por el cielo.

Por eso no, no quiero,

No quiero acariciarte mientras duermes así,

Mientras sientes el peso de los gusanos,

E impotente besas el suelo húmedo de miseria.

Cuando asistes al asesinato de lunas pálidas

Que te dicen tu sombra y tus apellidos,

Y te lamentas y odias todo tu cuerpo con asco,

Desierto súbito que sube hasta tus dientes,

Que salpican lava y  pétalos ardientes,

Polen que nunca tuvieran las serpientes en primavera.

Te miro, y acaso te roce débilmente...,

Pero no quiero acariciarte mientras duermes.

 

 

Paréntesis

 

Fue mi destino: amar y despedirme”                                        

                                                               Pablo Neruda

 

Me marché alguna madrugada,

Circundándome un gesto general de nostalgia

A mis espaldas.

Un viento llegó a mis tardes,

Asentándose tras revolver todas las cosas.

Busqué un rincón donde guardar el olvido,

Pero la nieve con su persistencia en la noche,

Lo cubría todo.

Y me hizo llorar evocando.

Con otras nieves en las manos,

Con la llama infatigable recobrada,

Y el eco de un adiós prematuro,

De un adiós sin pensar en luego...

Anduve cabizbajo sorprendido cada luna,

Me arropé contra el frío y las calamidades,

Y el polvo se posó sobre mis huesos,

Como lentísimo beso que acaba en llanto.

El mismo polvo que se alzó esta tarde

Reconociéndome,

Y todo el mundo me extrañaba.

Me extrañan las calles cuando paso,

Dejando mi silencio en sus fachadas.

El mundo se extraña de todo.

Cuando has vuelto y no sabes porqué.

Yo pregunté por las cloacas,

Por los puertos y por los trenes,

Y las caras miraban incrédulas,

Adormecidas tras tanto insomnio padecido.

Me marché alguna madrugada,

Después de amar, una noche, unos minutos...,

Y ahora, mi futuro es marchar agonizante,

Retrocediendo para no hundirme.

 

 

 

Por las calles desnudas

 

 

                                                                              “¿Qué buscas en  las noches oscuras de las avenidas?” 

                                                                             

Paco León.

 

¿Adónde vas por las calles desnudas?

¿A dónde con el corazón vacío y los ojos

Llenos de lágrimas acalladas de silencio?

¿Adónde vas con los labios partidos?

por el roce de la tristeza en las paredes,

buscando un beso furtivo apenas...

Un beso.

¿ Adónde vas por las calles desnudas

Ensordecido por tus pasos?

La sangre ardiendo  enfebrecida,

El viento azotando la espalda...

Los pies doloridos y el alma atada...

¿Adónde vas por las calles cerradas,

Clavando en el suelo tu mirada?

 

 

Si...

 

 

Si acerco mi mano sobre tu corazón,

Se quiebran los espejos del cielo y de la mar.

Pero si desvío mi mirada un instante,

Se clavan como dardos en mi mente tus ojos.

Si espero del sol una respuesta,

La tierra cobijará el sueño,

Hasta que por fin cese.

Si busco en otros labios la verdad,

Se derrumban los álamos sobre el río

Y se queman mis dedos con papel.

Si descubro en un gesto

Una primavera estéril,

La luna amarilla llena de odio,

Dispara sobre mí, sus rayos de locura.

Si rozo con mi mejilla el hielo

Las palomas sentirán el frío,

Y si descanso entre juncos esta tarde,

Miraré el sol como cae...

 

 

 

Tarde sin saber

 

 

No sé si sé este fragmento de río,

Si es dulce el agua que no me toca,

No sé si sé la historia completa,

Si sé parte de la sombra que oculta,

Si sé el pensamiento fluvial que me detuvo.

No sé si sé andar por un agua,

No sé si sé que un ave,

Puede hacer de esta tarde,

Una inmensidad o una siesta.

No sé si sé morir por un tiempo,

Suspendido en el fondo

De un cuerpo que furtivo me reclama,

Cuando en el río oscurece.

No sé si sé de esta rama el silencio

Que propaga y me culmina.

 

 

 

Vida

 

            “Espadas como flores para los labios fríos,

Y flores como espadas para el carbón ardiendo.”  Vicente Aleixandre.         

 

 

...El mar, ola tras ola

sin un beso póstumo en tus labios,

carne amada día tras día,

sin una caricia que me derribe

Y salpique el cielo.

El cielo, nubes que dicen,

Vapor que sube y me elimina,

A ciegas por horizontes,

Me encamino hacia fondos o cúspides.

La luna llora

Gotas blancas de espuma

Que cristalizan las rocas,

Frente a ti hebra mortal,

Sol que jamás me atrevo a desafiar,

Por temor a tempestades.

El mar, el cielo, los días,

Las horas que transcurren como inviernos,

Traduciendo el cansancio y desaliento,

En las bóvedas evadidas de estrellas,

Y en mi voz que estalla hacia adentro.

El mar, te adoro y desfallezco,

Me ahoga el mar de la locura,

La duda insoportable y la penumbra,

La sola devastación de este deseo.

 

 

 

 

Que mantiene queda el alma,

 

 

Vuelo efímero

 

 

La luna, nuestra luna plena de recelos,

No se asomó para ver el sufrimiento

De nuestros cuerpos,

Ni para alentar el brillo de unos ojos,,

Con un temor fugaz a penetrar en la sangre,

Un temor natural y desnudo,

Cuando la nieve hace verso sobre la carne.

Granada entera olía a muerte,

Un vaho dulzón que asfixiaba

Los corazones expuestos  a abrirse y palpitar.

De noche te confería un aire rotundo,

Un árido susurro de miedo callado,

Mientras se escapaba un beso halado.

Y el amor iba calando más allá de donde se desea,

Porque sin defensa, éramos espuma reciente,

Dulcemente bebida, acariciada...

Acurrucada ahora y nunca.

El mar rebosa destellos reales

Empachado de la luz que lo amontona.

Así sólo cipreses aspiran vernos,

Cipreses como puñales que no hieren,

Labios que dibujan la sonrisa limpia,

Con el dolor clandestino vivido.

Sin el ataque de la luna que sospecha.

Hoy cubierto de hojas y fechas,

Reposa ese amor sincero.

 

 

 

Transparencia

 

 

Siempre estuviste detrás de un cristal,

Y aunque extendía mis brazos inútilmente,

Quedaban sujetos por el frío límite,

Que sólo deja traspasar la luz.

A veces estabas tan cerca, tanto,

Que sólo una fina corriente

Nos mantenía apartados, inconexos,

Siempre una barrera se interponía,

Que la persuasión no logró esquivar,

 Que la inquietud desbordó la paciencia,

Y así se debilitó toda energía.

Creo, llegué a pensar que esa separación

Y esa transparencia eran de un material ignoto.

Y sólo de espuma mis puños...

 

 

Sólo en tardes de este tamaño

 

 

En tardes como esta,

Descompuesta la ilusión,

Aparecen las palabras exactas.

Cansado de esperar

Se mira a los ojos

Y ve su soledad.

Estallan las sienes

Y todo se inunda de ríos,

De niebla en donde no eres tú.

Nada es nada.

En tardes de este tamaño,

Se mira hacia atrás en la oscuridad,

Y descubres que no hay nada,

Que nada fue captado:

Un sueño nacido de la nada,

Su destino es la nada.

Sólo hastío en los pies y la mirada,

Vacío en la sien y la palabra,

Ir sin brazos ni pies ni sentido,

Sin ni siquiera un beso leve

En el cristal que nos separa.

 

 

Sala de esperas

 

 

Tu alma y la mía,

Gaviotas jóvenes que se persiguen,

En la quietud crepuscular,

Huyendo sobre la paz del océano.

Tu sueño y el mío

Dragados entre algas de un fondo

Sumido de oscuridad,

Desnudos nuestros deseos,

Nacidos de una ubre húmeda,

Amamantados por cimas lejanas...

Tu pesar y el mío

Arropados por velos decadentes,

En alcobas distantes,

Soñándonos perennes e insomnes.

¿Qué son todos esos gritos

Que me despiertan con tu nombre en los labios?

 

 

Poema de espera

 

 

Hay tantas cosas que me detienen,

Nombres, fechas, cielos, rosas;

Dime que el campo me reclama

Y asistiré para cobijar el verso

Que escribe cada peña.

...Hay tantas cosas que me detienen

a la hora de elegir la vida o la muerte,

el calor de unas manos,

la necesidad de  la luz por la sombra,

Y el manto maternal de la oscuridad.

Me detienen unos ojos vendados por nubes,

Que se apresuran desde tu morada

Hasta mi costa.

Hay tantas cosas que me detienen,

Cuando pienso si es necesario ceder,

Un amanecer, un perdón, un bosque...

Me detienen las olas, mis dioses,

Cuando quiero esconderme.

Desaparecer.

 

 

Olas como alas

 

 

Olas. Eran sólo olas,

Que no cesaban.

Venían acariciando a veces el dolor,

A veces los pies que menguaban de andar sedientos.

Olas, fueron sólo olas,

Mareadas flores de los cuerpos,

Prendidos de raíces ocultas,

Prendados de la luna, satisfechos.

Olas. Sólo olas como alas,

Póstumas en la orilla,

Acaso como recuerdo efímero,

De una ola que tan sólo logró ser una ola.

 

 

Más cerca

 

 

Está más cerca el cielo si bajan las nubes,

Si miras las estrellas esta noche,

Está mas cerca y palpable,

Si tus labios besan el mar.

Está más cerca el cielo si miras esa luna,

Si apoyas tu cabeza sobre mi sombra pendiente

Entre el final y la aurora.

Más cerca si te miras en mis ojos.

Más cerca del cielo si cierras las ventanas

Y me amas un poco sin querer,

Aunque te desmientas luego, aparatosamente...

Aunque huyas atronándote por absurdas ideas.

Más cerca del cielo si vuelves.

 

 

La tarde es gris, tú lo sabes

 

 

La tarde es gris, tú lo sabes

Y provoca leves temores de lluvia,

El mar es gris esta tarde,

Y el viento le empuja y nos invade,

Nos adherimos como recuerdos a las olas.

Yo soy un poco tu sombra,

Cuando en el sueño no te defiendes,

Cuando no temes respirar lo que te envuelve,

Quizás la tierra que está mojada esta tarde.

La tarde es más gris que ayer

Si tú no me lees esos versos,

Pero clarea un instante el poniente,

Si contemplo tu mirada,

Y tras el miedo natural,

Me zambullo dentro.

 

 

 

Horas de espera

 

 

Desear a escondidas una nube,

No es evitar el presente.

No es deambular hacia el engaño...

Es ansiar, añorar, volar...

Acaso respirar el fuego,

Que siglos hace que no me quema.

Hablar y confesar la verdad,

Es dejar que la sangre corra,

Abiertas las venas,

Hacia un caudal  de cieno,

Donde todo se pudre,

A un arroyo de nenúfares muertos de miedo.

De vacío, de sequedad, de miedo...

Deja tú que arriben a tus tejados,

Mil mensajes etéreos con alguna tormenta ocasional,

Y deja que toquen a tu puerta

Las tristes horas de cuervos,

Que también son horas largas

Y efímeras a veces...

Pero aprenderás.

 

 

Escapada

 

          “te quiero,

y esta tarde se acaba...”

Vicente Aleixandre

 

No mintamos más.

La quimera teñida de olvido silente

Convoca palabras entonadas

A un tiempo con los violines,

Y el oleaje.

El pulso que aplaca este instante,

Retorna del inmarcesible recuerdo,

Que gravita en los labios,

Mutándose a cenizas el paisaje, ahora,

Siendo dudas el paisaje y tu sonrisa...

¿A que cielo tu risa?

Ceñido al viento el dolor,

Me despojo de tinieblas,

Vocifero en la antesala de tu pecho,

Madera hermética,

Escondido tesoro que desconoces,

Y me desprendo,

Del zumbido interno que angustia aún.

Arpegio de cansancio en mis hombros,

Y tu respiración hecha fuego detenida,

Como se detiene el sol en los espejos.

Y mentimos con la mañana,

Bebiéndonos en el café la cobardía.

 

 

 

El tedio de las tardes

 

 

 

Las tardes pasan lentas,

Embriagadas de recuerdos,

Bañadas de cansancio, tedio e inercia.

Concisos los sueños, las notas,

Y el resto sólo ruinas,

Mortajas para el olvido.

Cajones de la tristeza.

Las tardes pasan lentas...

Recortadas en papel

Son alas sin fuerza, incapaces

Para huir, matar, o morir.

Las tardes pasan lentas,

Lentas,

Hasta dormirme en el desencanto.

 

 

El frío en las sienes

 

 

El mar ruge desamado,

Y los astros tiritan de frío,

En la noche trémula que congela el ánimo.

Cuando se hielan las sienes...

¿Puedo pensar que pienso algo?

Entonces: ¿quién inventó la palabra Dios?

Todo me duele como un disparo,

El silbido del viento en la soledad,

La soledad entre los pinos,

Y el miedo de la noche

A la falta de estrellas.

El frío de los niños del quinto mundo,

Que claman desde ayer,

Comidos de moscas.

Toda la hiel amarga del mundo,

Sin el agua que vierten los ángeles

Para que la tierra purifique,

La carne deshidratada,

Y las bocas sedientas.

Es el dolor de los perros aullando

Y el de la pasión coagulada en las venas,

En la vigilia exaltada.

El frío que parte las sienes

Como madera astillada,

En el abandono y la desesperanza

De esta otoñal decadencia.

 

 

 

Después de tu ida

 

 

Tu silencio primero,

Y después tus palabras...

Tu alma toda

Se desnudó frente a mí.

Y tu mirada,

Tus ojos de mar sereno,

Tu beso de clara superficie,

De fuego y nieve. Guardé.

Primero tu silencio,

Y ahora tus palabras.

Y yo,

Yo sólo aquí.

Repitiéndoseme toda tu ausencia.

La puerta se abre

Y por un momento entras tú.

Desaparece todo el silencio.

Tú has desaparecido,

Y la puerta se ha cerrado detrás de ti.

Y yo,

Aquí solo.

Llorando por comprenderte...

 

 

Descubrimiento

 

 

Deja que mis manos

Lleguen más abajo,

Que mis labios rocen

La tierra árida que acotas.

Deja que llegue la tarde,

Que albergue este amor como sombra.

Descubiertos a la luz

Y entre las olas.

 

 

 

Comunión secreta

 

 

Acaso fue como brisa

O como espada que lastima

Por un roce impreciso.

Ladera ardida,

Espíritu que queda y se consume,

Bruma densa que cubre.

Acaso como nostalgia

Se pueden mirar unos ojos nuevos,

Que desatan las cuerdas del corazón

Y se esfuma la libertad,

Te aprisiona y te reconoces preso,

De un cuerpo que despierta.

Acaso como sucesión,

A la fuga de lo imprevisto,

De unos ojos que se siguen,

Y no desistes ahora,

Casi a ciegas, las palabras retumban,

Las primeras, en silencio de dos,

Y se crea un compromiso,

Un estremecimiento se apresura, se espera...

Acaso como lecho

Perfumado de flores frescas,

Se llega al pabellón

De la celebración íntima.

Se da la luz para reconocerse y se reconocen,

Se apaga de pronto la conversación necesitada,

Porque se tuvo sed,

Y un beso de lluvia se posó sobre los labios,

Sedientos de verdad,

Y empezó a llover...

Y te quiero al oído.

Acaso como comunión

Acaso como brisa,

Acaso como espada,

Acaso como lluvia...

Y te quiero después.

 

 

Al tiempo de la lluvia

 

 

Al tiempo de la lluvia, mi llanto,

Cuando la lluvia caía con su compás

Siempre monótono en el patio,

De mis ojos florecían

Pilares rebosantes de lágrimas tristes,

Gotas de espera vírgenes.

Al tiempo de la lluvia, mi llanto,

Cuando la brisa besaba el rostro

Empapado de madrugada, invisible,

En la voluptuosa frente de la noche,

Cuando llegaba un canto lejano,

Que interminablemente persistía.

Al tiempo de la lluvia, mi llanto,

Cuando las calles estaban de fiesta,

Cuerpos deambulaban por todos lados

Como un enjambre huyendo del fuego,

Disimulando la sinceridad

Que no osamos experimentar.

Al tiempo de la lluvia, mi llanto,

Cuando tras las cortinas blancas,

La luna como un cristal desafiante,

Resplandecía en las pupilas negras,

Cuando en las manos, como en un estanque

Rebosaban las últimas gotas

Del deseo y la soledad.

15/10/2011 18:32 Fransilvania #. El trastero del corazón No hay comentarios. Comentar.

Pequeñas Grandes Máximas (2009-10)

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El próximo poemario será: " Pequeñas Grandes Máximas". Escrito en 2009 y cerrado en 2010. Probablemente se publicará en un formato especial de encuadernación manual, cada ejemplar será único; pero ya lo anunciaré en su momento, gracias por el interés.

 

Fransilvania.es

 

Versículos e imágenes desgarradoras cobijan el mundo poético de F.Ignacio Mendoza, al que sostiene, como a la mayoría de los grandes poetas, una incesante búsqueda del amor.  Su infancia extremeña, que nunca lo abandonará, su desarraigo...y el vacío poblado que lo impulsa a evolucionar. Hasta "Pequeñas grandes máximas", doce poemas inéditos y cautivadores que aúnan la fuerza de su obra, y su depuración.

 

Reja Balboa, 2009

 

 

 

 

15/06/2011 12:38 Fran Ignacio Mendoza #. El trastero del corazón No hay comentarios. Comentar.