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Terminal Babilonia -Updated-


 

 

 

 

Terminal Babilonia - Updated-


Fran Ignacio Mendoza



 


Preámbulo

 

Esta vez sonó como estampida.

Volcado en un intento de cielo,

Había ido construyendo

Un oscuro sótano de mentiras.

 

Lobos que acechan el sueño primitivo,

El mar que yace en las venas

Y el cuerpo que corre y que tiembla,

Frente al deseo innumero enfermizo.

 

Luego, amigo, contrae los vientos

Y todo se escapa, el celo se desvanece,

Meseta última y desconocida,

Ya  siempre, para nunca esta vez.

 

El sol tiene miedo de irse,

Tiene miedo de mis pasos,

Cuando del mundo huyo, cruzo y vuelvo,

Queda el recuerdo de las palabras de antes,

El áureo clima que me alimentaba

Sin evocaciones postreras.

 

Preso hoy de crueldad contagiosa.

Presa de  una incógnita compruebo

Mi aturdimiento, mi ligera demencia,

Y la inconstancia que se aprovecha en tanto.

 

Hoy empieza el décimo octavo sacrificio,

Sin cumplir con la tarea acumulada,

Sé que a veces he cedido y en el alma

Hay tanta costra que habré de rasgar años.

 

Colecciono momentos difíciles

Que luego me persiguen fustigando

Como lúgubres mantos de culpabilidad,

Levanto esta roca y el mundo

Arde en mis yemas al tocarlo.

 

El agua que todo lo refleja

Y delata a los cobardes,

Me exclama voces de socorro

Y el eco se transforma en un Dios

Al que debo rendir mis fuerzas

Y entregar este tormento decadente

Para que ponga cada pieza en su sitio.

Y el poder no se jacte de mi inocencia.

O de mi insignificancia.

Tiro de un hilo de sol.

 

 

 

 

La zona terrenal

 


 

Al quebrarse las terribles dudas,

Solo ahí, en el pantano que atravieso,

Abandono mi zozobra de fantasmas,

Mi fobia ancestral defendida siempre

Por sietes y arces.

Si amo el cristal empañado

Por un aliento esta tarde,

Acudiré para cumplir. ¿Sabré?

Tenderé a lo imposible

Hasta que asomes, cacho de cielo…

Alquitrán que mis labios rozaran en la espera,

De  la nube que me ensalza y aprisiona,

 Jamás divulgaría mi vagar a ciegas

Por el subsuelo húmedo

De las mil sombras.

De hendiduras con mis ojos,

De vómitos en la preñez del deseo,

Que fustigara mi ansiedad

Al resbaloso veneno de tus ingles,

Para aflorar en un ardid de vísperas,

La beatitud hacia tu ser, que sin rabia me posee.

Lánguidamente, de cálido esplendor

En mi beso pulula la insistencia,

Por el ascendente pasillo azul,

Acaso donde el averno nos deparase,

Difusos nuestros destinos. Todo.

Menos esta zona.

El quicio de sutiles brumas

Y terrena arboleda que recorrer

Y acostumbrarnos a ella  como a  los besos.

Al quebrarse por fin, las terribles dudas.

 

 

 

 

 

Danzas tristes saturnales

 

Solo al margen de la noche,

Con esa laxitud que evoca a los sauces,

Descubro una amalgama temporal

De roces secretos y densidades.

Ninfa en sumersión silente,

Atleta arcano y dócil que imploré,

Entonces tejiendo vínculos ficticios,

Para arquear el firmamento

En la línea de la siesta,

En ritual de ordenación o cura

En el ejercicio de comulgarte.

Solo dentro de la periferia de los saturnales

Muevo los ojos hacia el alero

De abstinencia corpórea

Y me redimo contra la inanición glacial

Que eclipsa todo delirio.

Aquí, sólo, estudiando eternizarme

En el deseo sacramental que me detiene,

Cuando adoro a los centauros si no estás,

Y asisto asiduo al laberinto ignoto

De las danzas tristes y herméticas,

Como alma de gema,

Como onda invisible.

 

 

 

 

 

 

El secreto de las moscas

 

Dice:

Yo tengo un pez,

Tengo un duende,

Gusanos me velan,

Tengo un regimiento

Que corroen el sueño

Y roban sangre.

Mira:

Esto es un pez,

No es  un duende,

Calle abajo el pueblo es sombra,

Los locos nos miran,

Todo un regimiento,

Saltan barreras

Y eyaculan resina.

Oye:

Solo soy un pez

Que resbala por tu espalda,

Caen gotas espesas en mis pies

Si el celeste se inquieta,

Luego mis actos me persiguen

Y se asoma aquí el silencio.

Huele:

Esto es un cuerpo,

Efímera materia sólida,

Las moscas son las que observan,

Los trenes los que chirrían,

Los túneles los que orinan

Un riachuelo de miserias.

Toca:

Estas escamas suaves,

Esto es un vientre

Amado entre esponjas,

Hierro en tu saliva,

Cuando siento tu deseo,

Recibo el más cálido oleaje.

 

 

 

 

 

Diálogo con sombra

 

- Te he visto.

Cruzando el puente hacia la otra orilla

Con el alma volando en tus ojos.

- Te has ido luego.

Así nacen las sospechas,

Que solo resucitan imágenes,

Con el significado exacto.

Resucitan los augurios,

Violáceos trasatlánticos

Regresan del Adriático,

En Zig-zag sobre  relieve geográfico,

Mostrando tu petición primitiva.

Ahora por el túnel de equipajes,

Éxodo masivo de la alegría para mañana.

Grúa con pies de pato

Levanta moles pétreas,

Pilares que abarcan  soledades,

Hace ya un sueño de caos.

La laguna tuerta de nudistas

Recibe mi cemento-abdomen húmedo

 Y caliente de rosales,

De alquimistas flemáticos suicidas

Desaparecidos en novelas.

-          Te vi.

 Te fuiste luego.

 


 

 

 

 

 

 

Onírico balcánico

 

En el andén, había un leve olor a muerte,

Se confundían los días con tanta arena,

La ingravidez con las estrellas,

El descanso con la espera.

Debo apresurarme, son las 9 aquí.

Los viejos jardines de Sofía,

Enmohecían mi espalda,

Y todas las sospechas.

Debo marcharme, son las 10 aquí.

Desperté en una playa, cerca de Burgas,

Donde un grupo de mujeres

Cargadas de lavanda,

Me curaron la herida

Y me ayudaron a vestirme.

Me recostaron al socueyo del viento

Y tuve este sueño.

 

 

 

 

 

 

 

Porto- Colom Babilonia

 


 

 

 


 

Poseidón aclama bellos cuerpos,

Armazones dorados en cofres hundidos

Bajo el reino de sus aguas.

Funestos andamios roen el tiempo,

Felicidades eslavas fenecidas,

Trágicos desencuentros balcánicos.

En línea recta el Mediterráneo

Esculpe clamores divinos,

Fenicios amados en estas calas,

Búlgaros sodomizados en esta arena.

Adriático filtra el sudor

Del continente de los mercenarios,

De los traicionados por sus vecinos serbios,

De los desorientados en pleamar,

Atacados a sota vento

Y arrojados al abismo.

Ancestral Egeo, recibe esta agua,

Diluidas en sangre de víctimas y héroes,

Celestes arterias, azules y rojas.

Vierte ante bizantinas antesalas del imperio:

Amantes, seducidos, prisioneros apasionados,

En apasionadas destrucciones de Babilonia.

 

 

 

 

 

 

 


Otro diálogo

 

I (La espera)

 

Dice:

Alguien remueve mis notas.

¿Los capitanes del averno?

Los dictados, no,

La locura, sé que no.

Pásame el azúcar y tiembla,

Porque pienso herirte con mi espada.

 

II (El retorno)

 

La ansiedad calmada por la química,

Ahuyenta el pesar y la flema,

Larva creciente en el río de tu sangre,

Loba furiosa por vengar los agravios.

 

-Puerto de la Mora- Granada-

 

Lavaba en el reflejo de la tarde,

Los finos paños y las túnicas moradas

De la penitencia bien enjuagada.

El olor a almizcle se esparcía

Por el monte y el agua que santifica,

Y se perdía entre destellos áureos

De la luz del sol entre los árboles

Y se posaba en “La fuente de los enamorados”.

 

III (El romance)

 

Por tu perdón,

Cuanta sangre correría,

Por otra noche

Acariciando tu cuerpo sin sueño,

Cuanta sangre vertería.

Eres mi latido,  mi sueño bermejo,

Azufre divino que tus ojos me lloviese,

Gustoso bebería,

Me zambulliría en el cuenco del silencio

E insomne guiado a gruta satánica,

Al secreto pozo de tus dragones carniceros,

Al saliente y al abismo arcano,

Al terreno pantanoso

O a la lúgubre grieta negra

Donde habita sin duda, la humillación.

Solo y errante,

Al regazo de tu sombra iría.

 

IV (La espera)

 

Oye:

Alguien araña mis paredes.

¿Las águilas del imperio?

La descarga no.

Lo perentorio sé que no.

Descálzame y tiéndete junto a mí.

Porque estoy herido.

 

 

Augurios de Ángeles

 

 

Rastros husmeados y santos estigmas,

Trompetas celestiales, anchos corredores,

Lagos públicos de Babilonia,

Cármenes orados y jardines maltrechos,

Furtivas e insinuantes ondas de suplicios,

Gélidos nocturnos arrozales

Y la palabra siempre virgen.

Ronda de bandoleros y sombras gigantes,

Mantones en el ruedo y desazones,

Amante en el tendido y viril estocada,

Carne frutal de solsticio y arena,

Corpulenta ama loba que aúlla en el coso,

Renegado semen vertido y sangre

Espesa corriente sobre el pecho dolido,

Y los ademanes últimos del sufrimiento.

Redimirnos a los toscos y lugareños,

A una Arcadia de quimera y lunática,

Temple ante la muerte desvestido,

Rendición que no es perfidia ante los corceles,

Hombre en clamor de combate oculto entre dunas,

Delirio terrenal cabe a la ternura,

Donde los ángeles bogan y los demonios anfibios

Nos regalan valor y antorchas.

Rosas y las palabras terrenas.

Rosas.

 

 

Azur

 

El azul temor de los infames

Rema a través de tonalidades neutras

Hacia el arco volátil, que la sensibilidad posee

En conflicto con nuestra razón.

La adversidad acapara todas las salidas,

Y ocurre que luego, una fuente de energía

Arrastra fértiles sexos y acorrala

Bajo razones marciales.

Goma-2 se atarea con la carne abrasiva.

Jonás miró hacia abajo,

Ordenando a sus congénitos

Que reparasen la tierra.

El cielo quema y la resistencia

Ocupa varias hectáreas solares,

Donde los efebos complacían sonriendo,

La ruina va extendiendo su margen.

Curte el sol la piel este milenio,

Y las nieblas ya no existen en Ucrania.

Tres años hará que no llueve,

Pero bebemos agua tratada.

El azul rompe contra mis miembros,

Hiela mis pies y escapa del planeta

El deseo de los hombres al atardecer,

Privados de toda iniciativa.

El Dios de todo comprueba amargamente,

Como los blasones militares resplandecen,

Mientras los sentimientos pierden los tonos,

Y lo fácil que es engañarnos… Infelices.

 

 

 

 

 

 

 

Perdido el cielo…

 

Habíamos perdido el cielo,

Algo en lo que creer, sin nombre,

Y el laurel de convicción acérrima

Se secaba en nuestra sien

Vapuleada por incesantes vaivenes.

Dios y los otros no estaban.

Era el momento preciso para la sublevación,

Vistiendo el gozo más puro

Para la comunión furtiva,

En contra de las plegarias rendidas,

En contra de toda falsa adoración.

Habíamos claudicado en este terreno

Y entonces los mártires causaron baja,

Y las rosas amarillas se cuajaron

De sangre roja y duda.

Jonás y los cetáceos

Emprendían el último exilio.

 

 

 

 

 

Captura del mar

 

Guerreros y flamencos

También regresaron.

Volvían las lunas

A mecerse en el agua,

Cristalizando el movimiento de su  halo,

Restableciendo luego,

Una quietud perfecta,

Rompe,

       Cuerpo,

             La línea,

Profunda que el mar señala.

La orilla prendida a tu talón

Y tus brazos cubiertos por las algas.

Donde este clamor a veces se acalla.

Un aleteo parte el azul,

Con tersura abre sus pétalos una flor,

Se contrae el cielo de nubes,

Me ha rozado esta rama débilmente.

Cuenta,

      Formas,

              La infinita

Llamarada de luz que emana.

Regresa, ahora que te pienso,

La brisa a humedecer mis labios,

Y mis manos se entierran

Buscando tu cuerpo perdido entre la arena.

 

 

 

 

 

Dime,

  Trae,

         Gaviota

La palabra recuperada ahora.

Es la noche que nos respira,

Nos menea y sacude levemente.

La pasión se enciende en la piel

Este instante,

Y no te encuentro.

Las lunas y susurros

Escalan con la niebla,

La mañana asesinará las sombras

Y los deseos inacabados.

Corazón,

      Palpita,

        Herido

En la arena.

Despierta, tose y esputa…,

La aurora y él se levantan.

Queda la huella y el olor,

Y los besos perseguidos se borran,

Cerrándose al paso por las olas.

En la playa, solo,

Pinto corazones que la espuma desvanece.

 

 


 

El amor salvaje

 

Donde los hombres azules

Tienen el corazón salvaje

Y las cigarras de la siesta

Aman el bosque.

Los frutos prohibidos

Cautivan al amor virgen.

El aire lleva prendido mil olores

Y me arrodillo besando tus pies.

Los hongos tardíos

Se abrazan ahora con las flores

Y el manto celeste acaricia nuestros cuerpos,

Cómplice, cobijándonos bajo árboles,

Donde las cigüeñas calentaron sus nidos,

Las hormigas nómadas muerden con celo su víctima.

Corre el aire y nos apresa un momento

Cuando unidos fondeamos hacia adentro,

Cuando los ruidos cesan en la noche.

Los lobos aúllan, acorralan la hembra,

La mano resbala de sudor temblando,

Bajando tu abdomen, ascendiendo tu espalda.

Y en el ardor final,

Las cigarras enloquecen su canto,

Los pétalos alientan los romeros,

El río fluye amante y se ensancha,

Emanan mil susurros de la hierba,

Las hormigas vuelan,

Las cigüeñas descienden al lago,

El aire nos falta y la montaña cede,

El pecho se dilata  y el vientre se hunde,

El mar eyacula algas…

Entonces los hombres azules

Gotean de la frente cristales de cielo.

Y vuelve el aire a los pulmones.

 

 

 

 

 

Onírico eterno

 

Sólo a la luz de la furia

Me aplasta la voz que la noche no vence.

Derribo por la distancia un eco doliente que paraliza,

Y la erosión que calmara continentes.

Astros irascibles en el corazón existen,

Cuando se derrama todo lo posible,

Como lácteo manantial de tus pesares.

Rojo latente, casi fuego de unos ojos,

El momento “piano”, carámbano después,

Donde el amor no es edén,

La locura se nutre de lágrimas.

Y no se está, no se siente, no se es.

Sólo a la luz de la tristeza,

El ímpetu es apagado mortecino.

Pero el amor desciende de sus residuos

Y acuesta el odio entre los brazos que dicen las lunas.

Sólo a la luz de la fortaleza,

El tormento me atraganta cruel,

Mientras crecen hierbajos entre las uñas,

Y la ternura está tan cerca que la rabia persistente lleva a la evasión.

Duerme un poco, sombra amada,

Cadalso infinito del gladiador enajenado.

Yo perduro a salvo en tu regazo,

De mañanas preñados de besos que siempre huelen a paz.

Sólo a esta luz de la tortura,

Más que nunca se necesita de la sangre amada,

Como vampiro con sueño de existencia insaciable,

Pero con tu sueño compartido en el espacio.

 


 

Dice

 

Dice la fuente

Que el reloj se adelanta

En el golfo de tus ojos,

Si no vuelves raudo,

Con tu cansancio dispuesto

A una siesta.

A la hora de la siesta,

Arrima tu vientre a mi espalda

Y echa el brazo por encima.

Dice el reloj

Que la fuente se atraganta

Con el sorbo de tus labios…

Si tardas.

  


El agua

 

Oleré tu sombra un instante,

Tu ausencia que inunda esta habitación.

Ahora, por la arteria de tu cuello correré

Hasta el pozo liso de tu vientre,

Ahora el sol, lo que no sabe nadie,

Se inserta en mi sueño para sosegarme.

Las orugas crecen bajo la cama,

A oscuras me tejen un tenebroso pasillo

Donde acantonarme para siempre,

Si no te acercas pronto.

Vientos de avenidas y cruces

Se hincan en mi frente,

Deshilvanando frases en la espera,

Masco las horas, como uñas…

Devoro el momento,

El halo inexistente de espíritus

Sacrílegos que me apelmaza.

Yo te sigo por este laberinto

De ciudades destartaladas

Y hormigas, masas carniceras.

Como otra agua adherida al río.

Soy el agua.

 

 

 

 

Ardiendo

 

En el fondo de los ojos

Una almohada no es rutina,

No es la turbia confusión

Que trabaja con limas

Cerca de los astros o el corazón.

En todos los sueños

Las paredes ardían

Como mis dedos en tu cuello,

Auxiliándote mi legión de nervios,

Aún hoy, los caballos trotan por la cortina…

En lo cercano a la dicha,

Un susurro no es pobre por cansancio.

Te mirabas en mis ojos,

Y yo te hubiese sostenido en mi iris,

Para esclavizarte unido a tu reflejo,

Unido a ti, no como a las cosas.

Te acaricio

Y un súbito volcán

Se enmaraña en nuestras venas,

Bebiéndote…, ardiéndonos.





Entre la sombra

 

Entre la sombra

Que agujas clava en el olvido,

Se eriza el temor de los misterios.

Aún es la hora de cortar silencios

Para el álbum de sospechas,

Lo de ayer, la encarnación y esta hora,

Residuo fosilizado de pesadumbre.

Si lo invisible es un beso,

Cae la nieve entre mis muslos,

Dulce, apretada, consecuente,

Se ajusta a mi voraz ansia,

Roe lo sabido, templa lo desmesurado

Y destrona todo lo efímero.

Cáliz. Sed acaso voluble,

En recio atardecer de faunas ópticas,

Luego locuras bajo interiores.

Arcaico final, rezar replicando,

Suspirar por lo reptil

Y rasgar el vasto lienzo

De furias occidentales y contenidas.

Entre la sombra.

 

 

 


Solos

 

Solos…

Resignación al trote de un unicornio futuro,

Rojo de nubes sangrantes.

Paraíso.

Acaso un refugio de halcones,

Un arrecife de pensamientos.

Solos…

Cráter nacido de los besos

Que ensalzaran los amores de mil hombres.

Ases.

Dueños de corrientes tempestuosas,

De ventiscas, rayos y cabos sueltos.

Solos…

Corte final del corazón, donde los elegidos

Proclamarán un camaleón bendito.

Cristos.

Crucificados rayando átomos

De tristeza pura y renacentista.

Demonólogos.

Exorcismos crueles del poder altivo

Que no nos cautivará, no.


 

 


Internacional

 

Eneas fronterizo, se integra

Bajo la losa de los sueños tejidos,

Hierve en mis venas

Como virus arcano voluptuoso,

Lava detenida tantos siglos

En esta página por leer, clamando.

Acompáñame, ven, que yo no temo.

Me vence el deseo,

La necesidad terrena impera,

El olor de tu piel eriza mi vello,

La sangre trota sin tregua.

Me apresuro, me resbalo hacía ti.

Eneas internacional,

Se pone el sol en esta área,

Donde se cruza el tiempo,

Aquí hoy es lunes, las diez casi.

El teléfono suena, contesto.

El próximo sueño que viene,

Te contaré el secreto.

Porque tú vienes en mi sueño más secreto.

 


 


A concertar una cita

 

A concertar con el negro de cuchillo azul

De tu pelo, bajo la luz a esta hora.

El timón de los abatidos abandonado

De los que sueñan en pez

Y a la cola de los destinos.

A perseguir el pie-barranco

Donde retumba el último paso dado

Y la sed de las tortugas en tu pecho.

A prender como soga ardiendo

Hasta el zócalo de la nube ceja,

Que impregna el cielo de temores.

Acuchillados por el cuchillo azul de la memoria,

Que sobre el mantel desmigamos.

La llave que guarde la obcecación enfermiza,

El pus que brota de la herida más remota

Y el beso más dulce de los relámpagos hambrientos.

Sintiendo la muerte como un traje vendido,

Paseado el siglo entero por las calles queridas.

Ceder, a ceder el monte de pesadillas

Y la pila creciente de preguntas,

De ruedas desinfladas de viejas dudas,

A este lado, en el ámbar del hígado doliente.

Lanzados al abismo como satélites,

Harto experimentados en lo cercano a la aventura,

O lo cercano de las pestañas a la mirilla.

A concertar con el soplo de aire que nos llega,

Una cita pues.

 

 


 


Destitución personal

 

Confusión y locura

Come la razón y no manzanas,

Se alimenta de los rastros que apestan

Y en los momentos que la sangre se enfría.

Arcas de sentido

Consumen los días y no torrentes,

Ni fisuras ni acantilados, solo la huella perfecta

Corrompe el dictado del firmamento

Y los dictados mal entendidos.

Miedo y usura,

Arrastra el valor sin pureza,

Cuando el calor ígneo de unas manos,

Era el delirio cotidiano,

Y el temblor del corazón, una esperanza.

Resina y deshielo,

Mellas vacías y paralizadas,

Torpes ondulaciones agigantadas de la mentira,

En las orillas macilentas del tormento.

Cama abandonada y cajones revueltos,

Cráteres despiertos que amenazan y escupen,

Ojos que se clavan y la piel se eriza.

Rostros queridos que dormitan en el olvido.

La desobediencia y la verdad,

Surcan sus garras en la desolación,

Y entonces, hay un clamor universal

De apisonadoras.

 ¿Quién vislumbra la esencia libre,

O la justa actitud de conciencia,

Que los hombres orean y confunden,

Y las palabras taponan

Y como la arena desertiza?

 

 

 

 

 

La pasión o Lorca infinito cuenta tulipanes

 

Rojas de sangre,

Largas y lentas emigraciones,

Tras el último reconocimiento sobrio,

De omnipotente ciencia

Al construir, al pensar así,

Sólo, esperándote.

Rojas tardes casi amarillas,

De besos que tardan

Y un abrazo contra el suelo

Redime el ansia carbonizándose.

Lodo se hubiera vuelto,

Para secarse bojo otros soles.

Limpias pero tan tristes

Horas cargadas de vigas,

Que pesan como ligeros mares.

Lánguida mirada perdida

En campo de lucha incontenible

Y en caminos que borra el aire.

Rojas, con más orgullo

Las ojeras penitentes del desprecio,

Arma infalible que desata los puños,

Trompa que rompe y despedaza el cielo,

Rienda que la mano suelta a sabiendas…

Lonja solitaria de pescadores muertos,

Pirámide de ofrendas canceladas.

Rendimiento carnal,

Si el verso escupe hierro y se forja.

Manada de corceles áureos

Bajo los últimos destellos estivales…

Lorca infinito cuenta tulipanes.

Mis manos se atarean con el puro fuego

De la entrega.

 

 

 

 

 

Onírico futuro

 

¡Dios mío… qué soledad tan clara!

 

Huída nocturna de Granada,

Con el ácido escozor aún en los ojos,

Del verbo desamar instaurado,

En el taxi repleto de pertenencias

A ningún destino…

Taxi que no encuentra salida entre el tránsito,

Y no llego a tiempo a ninguna estación,

Los minutos corren como galgos,

Mi cabeza y el tren se escapan.

Un sorbo de café únicamente,

Nada más en el estómago desde anoche,

Solo vacío y tristeza de la tierra.

Huida en el sueño

Sin motivo explicable,

Con la sensación de no tener tiempo,

De no tener pies ni músculos.

Sudo y me apeo del sueño

Con el temor al paso del tiempo

Y no saber hacer frente al viaje.

 


 


El Ejido (elegido)

 

Volúmenes escritos,

Roncas las voces al alba,

De los hombres enfermos,

Si lo primero, lo segundo, lo tercero,

Suma la mirada quebrada

En cactus o carne desabrochada,

Enternecida luz en la miseria.

Costillas partidas,

Piernas amputadas,

Corazones inyectados,

Todo cabe en la ternura:

Arcadas de lujuria,

Escáner de tu sexo,

Arcones vacíos de los sótanos.

Eyaculaciones espectrales,

Desatar los cordones de la locura,

Rezar postrado en tu cuarto.

Cardos ardiendo por la meseta.

El ojo delata el instinto:

La hiel contenida, la desgracia impuesta,

Animal abandonado al destino,

Pensamiento desequilibrado al mediodía.

En añoranza de cuerpos separados,

Bajo peso almidonado, ofrecen culto al onanismo.

Este desierto de toros y libros intactos,

No bendice ni purifica,

Solo el mar traerá el elegido duende,

Que cierre este capítulo sin lucha,

”carpe diem” a la suma de sombra y luz.

 


 


Han  muerto

 

Han muerto días enteros,

Largas noches en vela han muerto,

Voces silenciadas, besos huecos,

Esperanzas…

Han caído sin vida, seres que te vieron

Sonreír, seres de la misma sangre,

Amigos, hermanos, vientos agrestes, fuegos

Fenecidos todos al amparo del olvido.

La vida llena de luz no entiende de sombras

Cada aurora.

En el cuarto de los recuerdos,

Quedan las miserias, las huellas y alientos idos.

La luna no entiende de dolor,

Y ahora me vuelvo hacia atrás,

Y cuento sin dedos, muertos…

 

 


 


Mirada sola

 

Muda la sala,

Sola, designada a almacenar

Memorias silentes adheridas

A este aire encerrado.

Destellos de locura gravitan

Y pululan donde la sola invasión

De lo celeste, entonase melodías

En aras de un ayer glorioso.

Mirada perdida en los cajones,

Agua vertida en plantas que mueren ya.

El corazón asiste empujado a visionar

Lo indecible y temblando arroja

Y acarrea maldiciones en sombras,

En huellas inevitables.

Mirada que fuerza al sol de la alegría,

Obcecada bajo tormentas repentinas.

Dependiendo siempre de un cómo.

Sola, de inicial denegada.

Muda y auscultada,

Perfora aquello que jamás compresor pudiera.

Destapa la trampa familiar que ordena

Cuestiones plomizas, perdones, odios…,

Y excusas que no tienen pero.

Ahora a lomos de la duda,

Evita enfrentamientos y elude lo certero.

¡Pronta la mañana que el olvido rescate

El pesar que acuoso fluye,

Impidiendo cicatrizar la herida que acusa!

Pronta la luz que abarque esta sala

Y recuperen su color todas las cosas.

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