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Tú mirada hacia abajo, es la misma mirada que estuvo aquí anoche. Nosotros no bajamos, todo lo que vemos sube desde aquí abajo, no ocurre así con la lengua que se desliza por tu muro. No nos veremos así, ni entenderán que sumamos juntos la respuesta, el escrito inconscientemente por tu sombra y la del libro que no acabaste. Todo se asocia a lo visto, a lo ambiguo, pero por mucho que quieras escaparte no lo harás de este mensaje ni de tu sueño, por eso, los datos se observan de forma inmediata, sin prisas, luego. Por mucho que tengas el DNI del corazón en la boca abierta y chorreando el fuego de Dios y de tus ojos. El fuego que añoras. La serena mirada que no vi, y  está ahora ahí, en el pantano de las bestias. En la laguna de tus pensamientos contra la ley del sistema. Nunca contra nuestro objetivo. Tu mirada...

Improvisación/Fran Ignacio Mendoza
Imagen: Julio, el gato.

 

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El lenguaje interior, en Madrid.

Homenaje a:

Samuel Barber, Erik Satie, J.S.Bach, Henryk Górecki, Bedrich Smetana, Gabriel Fauré,

Claude Debussy, Zoltán Kodály, P.Tchaikovsky y Camille Saint-Saëns.

 

El adagio cotidiano

 

Al compás de un adagio

que colma la sala,

irrumpen los entresijos

que los objetos susurran.

 

Los arcones y las vasijas

preservan aromas de tiempos rebasados,

adormecen a la hora de la siesta

y  la cortina verde que filtra la luz.

 

Cerca de las sombras

hay nostalgias empacadas

que reducen las tensiones

y nos profesan fidelidad.

 

Me acecha la mañana,

la tarde y la noche

plenas de paz y júbilo

o de inefable simplicidad.

 

Al compás de un adagio

que colma la sala,

irrumpen los entresijos

que los objetos susurran.

 

Pone vallas el silencio,

desbloquea ante dilemas

y consolida consciente

la placidez recobrada.

 

(“Adagio for strings, op.11” de Samuel Barber)


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Amaste mi ropa en el suelo

y encendiste una especie de cigarro

del cual despedías bocanadas de escarcha.

Escenas visionadas a destiempo,

invasoras de la paz que nos protege.

Mi cuerpo era la nave que el mar ondulaba

entre las olas  y  el cuaderno de bitácora.

 

Dejaste tu caligrafía aguada…

 

De "El lenguaje onírico"- El lenguaje interior-

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