Desde que Pan ha muerto la naturaleza ya no nos habla, como ya anunció Plutarco hace siglos, coincidiendo con el ascenso del cristianismo, tan contrario a las fantasías. O no podemos escucharla. Pero el dios Pan no ha muerto del todo y se materializa en los impulsos libidinosos o en el deseo sexual más extremo, y también en las pesadillas: donde cunde el pánico allí se agazapa el dios Pan, ese dios cabra peludo y fálico, que cuando el alma se halla presa del pánico se aparece en forma de instinto que finalmente la volverá a conectar con la naturaleza, ya que Pan se revela a sí mismo como sabiduría de la naturaleza.

(RubénBonet)

®eplicante

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