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Búscame en la noche que nos separa.
Las manecillas arrancadas del tiempo
y la muerte de los nervios
antes antes antes
que posiblemente
nunca nunca nunca nos veremos.
Y se hace tarde, la noche avanza...
y el sueño viene como un elemento más que te lame la mente.

Es la noche que nos lleva.

Nosotros no estamos apenas.

Hay estrellas y  hay un sótano

dónde entre aguas subterráneas nacen otras nuevas.

Pienso- te.

Y de día, si no fuera por la luz
las ideas recurrentes te disiparían...

(Las estrellas ya no se acordarán de ti.
Mi mirada se perderá en la distancia.
Tu sonrisa es un cristal donde reflejarme.
Hoy y siempre.)

Las estrellas ya no se acordarán

de quienes nos venden o nos amaron.

Mi mirada no se perderá

en melodramas temporales 

o desdenes injustificados.

Tu sonrisa en un espejo hoy,

solo reflectará frialdad, despecho

amargo sabor, dentro de tu orden esquématico,

de tu clasificación denominada 

inclemencias.

Pero verlo claro, o no verlo, mejor

que perderse en oscuros

pasillos mentales.

Hoy y siempre,

o tal vez sea, un ahora.


Acaso es la historia de los últimos solitarios.

© Fran Ignacio Mendoza.

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