
Al leer los poemas de Final e inicio – El nexo constante, el flamante poemario de Fran Ignacio Mendoza, vemos que tienen la capacidad de hurgar en los miedos recurrentes. Están construidos usando como punto de partida nuestro miedo a la enfermedad y a la muerte, algo no abordado por el poeta en obras anteriores, también a la vida y sus pretensiones como parte de un ideario que remarca la determinación clara de Mendoza de adentrarnos en sus intereses emocionales.
Al hilo de esto último, ciertos poemas evocan sensaciones nacidas al amparo del erotismo; un erotismo sofisticado a veces e impuro otras. Un poema afecta al desarrollo del otro. La enfermedad no acaba con el deseo, con los besos perseguidos y anhelados, con el amor ambicionado que se oculta en favor de una dolorosa cotidianidad hospitalaria. Un escenario de experiencias reales y ficticias donde la efectividad de la sangre nos angustia. Las medicinas y guantes desechados, una analítica comparada con un cuadro de vampirismo son nuestra fragilidad ante los protocolos de la muerte en una atmósfera donde reconocemos lo sano y enfermo.




