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Nosolopoemasxilófagos

Nosolopoemasxilófagos

2

Desnuda tu mente
como tu cuerpo.

Imagen: cueros.jpg

Fran I. Mendoza


Poemas xilófagos

Poemas xilófagos

 

Naranja

 Una velada, el atardecer, la ensoñación…

 

 

Me miras mejor

 

Mírame

protege nuestra verdad.

El sol se pone

y nos cubre de naranja.

Permanezco aquí

desnudo, mirándote.

 

Mírame

echa la manta.

El miedo se pierde así.

No te asustes

si tiembla el corazón

o nos parece que el mar nos come.

Es un ogro el deseo

que no se debe encadenar.

 

Nunca.

Nunca.

Nunca.

Acércate.

Baja aquí.

Resiste.

Mírame

cómo mis ojos te miran

y se sumergen en los tuyos.

 

Cómo mis dedos se deslizan

hacia donde diriges tu mirada.

Mirándote

me acerco más.

Te abrazo

me miras mejor.

 

 


Revisiones xilófagas de viejos poemas

Revisiones xilófagas de viejos poemas

2.

 

Mimetismos

 

 

De tus labios retumban las palabras

como el eco de las tormentas alejándose.

En el pecho

en ascuas se convierten

y en la sien son agujas que perforan

esparciendo tu visión gris de la tarde

con la materia gris de tu mente castigada.

 

Del castigo que te impartes por temor a amar

en la llanura ignota que delimitas

sabiendo amar en  el verde reflejo de tu mirada

a mansedumbre ansiada bajo secreto.

 

El mar azul

y el negro de tus pasos

enhebrados con el hilo

que cose la noche avanzada

en el delirio y el latido acelerado

con el manto áureo de los amaneceres

y el apremio en las decisiones últimas.

 

De tus manos nacen los laureles del perdón

la fatídica sucesión de uñas comidas

rabia dolida y pasión negada

en aras de un orgullo que provoca guerras frías.

 

En tus palabras reviven los infiernos

el fúnebre clamor que amedrenta la ternura

el sopor en el balance de las horas y los cantos

enterrado bajo losas y castrado adoleces.

 

Salvaje el mar

empuja contra el acantilado

celoso de bruma y sediento de labios

con la saliva de la inquietud y la sal.

Exclamando ayes.

Vencido.

Ayes, arrepentido cada mañana.



"Del color que destila afortunadamente la pureza" Ed. Gerust, 2014.

Pegaso - Fran Ignacio Mendoza

Pegaso  - Fran Ignacio Mendoza

 

Sor Juana reza frente al crucifijo de su celda, descalza y de rodillas sobre las baldosas frías y húmedas de la abadía. Mira el crucifijo obnubilada.  Faltan diez minutos para maitines y aprovecha para clamar perdón al cielo y al reino de  las tinieblas – por si acaso-  por su pecado.

 

Entra en el refectorio después de las plegarias matinales y decide ayunar. Sor Inocencia que la observa desde hace días, nota algo extraño en su comportamiento. Y ya a solas, se acerca:

-          ¿Por qué no come nada hermana?, ¿se encuentra indispuesta, enferma?

-          No, querida Madre, no es nada, es solo que deseo limpiar mi organismo unos días. Una purga natural, solo tomaré agua y zumo de limón. Siempre he oído decir que las depuraciones son más aconsejables en verano, por el hecho de que se bebe más.

-          Bien- responde Sor Inocencia-, siempre que no te excedas, y si te notas debilitada lo cancelas, el ayuno es un acto purificador pero no debemos abusar.

-          Sí, Madre, no se alarme, soy consciente de mis fuerzas y mis limitaciones.

Después de toda la jornada sin probar bocado, toma ya en su cuarto, un vaso de agua, y se tiende en el suelo sin desvestirse, mirando hacia la ventana entreabierta por donde entra la luz de la luna. La misma que fue testigo de su error. La noche de San Lorenzo, que tomó vino- más de lo consentido- después de la cena y a escondidas en la bodega, cuando Sor Jacinta, la encargada de los fogones se retiraba a su aposento.

Nota que le invade el prurito insano que le obliga a rascarse sin remedio. Se sube los faldones y se rasca hasta sangrar las ingles. Se limpia y refresca el pubis que decidió rasurarse hace una semana, después de ese momento desafortunado…

Abandona el ayuno al quinto día, pero su cuerpo no se purifica y menos su mente; piensa en una solución aleatoria. Mientras todas están descansando a la hora de la siesta durante las horas de intenso calor, se encamina hacia la cuadra sin hacer ruido, echando los cerrojos con parsimonia. Entra y se acerca a Pegaso, -el caballo del páter que ellas cuidan en su ausencia- le vuelve a tocar suavemente, temblándole el corazón y las piernas por la abstinencia. Se sube sus ropas y vuelve a rozarse contra el animal, procurando que no se inquiete. Le acaricia y se frota contra él. En un instante el equino eyacula entre sus piernas y ella se tumba sobre la paja, retorciéndose en una extraña mezcla de placer, dolor y culpa. Pero el picor continúa…

Al día siguiente, después de ser buscada toda la mañana, encuentran a Sor Juana ahorcada del palo mayor del establo a escasos palmos de Pegaso.

Su pecado no ha sido expiado, ha quedado entre ella y su ecuestre amante.

 

 

Imagen: aliciamarcelinamoreno.blogspot.com

Deshabitados

Deshabitados

http://www.revistamadreselva.com/

 

Deshabitados

Fran Ignacio Mendoza

Fran Ignacio Mendoza nos relata la historia de dos viajeros rumbo a una región oculta en la memoria  

Por fin Julián y yo, creímos localizar la región, después de mucho tiempo invertido en consultar mapas e inquirir en libros de cartografía, inscripciones obtenidas de   testamentos apócrifos, especular sobre varias conjeturas extraídas de precisas guías para senderistas, estudiar al detalle las referencias del lugar, sorteando localizaciones inexactas, acotaciones diversas que ensombrecían nuestro ánimo, símbolos factibles y a la vez opuestos, tras haber optado por atajos visibles que nos conducían a cruces que daban al mismo origen del trayecto y todos a la postre, falsos indicios. Realmente no tengo ni idea del tiempo transcurrido desde que nos perdimos, si efectivamente éramos conscientes del hecho, hasta iniciar esta errática búsqueda. Al divisar un desolado paraje, empezamos a creer de forma fehaciente en la probabilidad de estar objetivamente extraviados.

Se nos presenta un resplandeciente páramo, desvalidos y muertos de sed y de hambre, buscamos una exigua sombra donde reponer fuerzas. Julián divisa algunas matas que nos indican que alguna corriente debe existir bajo el subsuelo.  Hay que excavar la árida tierra y si hay suerte que mane algo de agua. Pero nos rendimos, la borrasca dificulta la labor y enturbia la visión.

Hay que reposar y si se puede, dormir algo. Nos aclimatamos pegando bien nuestros cuerpos al abrigo de un tronco pelado que sirve de escudo. Ha cesado el viento. Pero nos cubre un manto de rocío que agradecemos porque refresca nuestra piel y principalmente nuestros labios resecos.

Veo como entre sueños que estamos en medio de baldíos terrenos y lóbregos senderos que no conducen a término alguno y siguiéndonos, una manada de alimañas, que sin duda, esperan nuestro abatimiento.

Encuentro un anillo entre la arena, adormilado por la calidez de la temperatura. Repaso la sortija y la reconozco, es la que perdió Laura, una tarde entre juegos y forcejeos en la playa de Gando, frente al pabellón de oficiales, en Gran Canaria. Laura, hija del teniente Miguel Marcos y Desideria, ambos de Valencia de Alcántara y que por destino del militar, residen en la base aérea, menos los fines de semana que pasan en su piso de la ciudad. Otras parejas de oficiales viven allí todo el año y se tiran las tardes jugando al parchís y a las damas. Sin distinguir los lunes de los domingos. Suelen ser las esposas las más aficionadas, absortas en los tableros, mientras los capitanes, tenientes o alféreces, discuten sobre el golpe de estado, valoran la inminente evacuación de Malabo, comentan permisos denegados o se enzarzan a repasar maniobras castrenses.

Es festivo y estoy de permiso. Deambulo por el barrio de Santa Catalina de Las Palmas, esperando que se haga la hora, ya que he venido a comer a casa de la familia Marcos, invitado por Laura, después de mucho insistirme durante meses.

La intención de Laura es dar un paseo por Las Canteras y declararme su amor, pero su timidez y mi desinterés acotan toda iniciativa. En la despedida, en la parada del autobús le doy un beso en los labios exento de pasión, pero sin querer demostrar lástima. Lo reconozco. Sus ojos brillan y se nublan de lágrimas, pero se gira y sale corriendo como una niña. En realidad lo es. Rompe a lloviznar.            

Cientos de cartas me llueven de golpe, las que ella me escribió durante más de diez años, semanalmente, aunque no recibiera respuesta ni de la mitad.

Llovizna y subo a Escaleritas. Es un barrio más humilde, he venido para probar ‘ropa vieja’ a casa de Santi - un compañero de la misma dependencia- . Su hermano está vestido de gata, subiéndose con total soltura por paredes y techos, -¿cómo lo hace? - y Santi me responde como si fuera lo más natural: ¡Ay, godo, lleva ventosas en las manos y en las plantas de los pies!  

Cat Woman, calcula un mal movimiento y cae al suelo… Oigo la sirena de una ambulancia, mientras se suceden prontas disculpas y salgo pitando.

Negro, fuera está todo negro, negro…

Negro es el estandarte que ondea por encima de unos muros gigantescos. Estoy ante unas murallas que se alzan ante mí y choco de bruces frente a una escalinata. Es la fortaleza de la Alcazaba de Batalyaws (1), el reino aftasí en su primera taifa, entre 1022 a 1045, bajo el mandato de Abdallah ibn Al-Afta, cuando su territorio llegaba hasta el Atlántico. Azorado, recorro callejuelas y plazas, rodeado de un enjambre de gente que grita en distintas jergas y regatean numerosos artículos: frutas y hortalizas, cabezas de carnero, baldes con tripas humeantes, telas y especias de múltiples procedencias, barreños con sangre, artesas con ojos de venado, odres de leche de cabra, tinas de hidromiel, talegas de cereales, una miscelánea de olores y cromatismos prodigiosos; de  pronto, alguien me ofrece un libro a cambio de mi brújula, ni he podido responder al trueque y ha desaparecido entre el tumulto con mi preciado tesoro y yo, sin opción, con el libro.

En el lomo del volumen, leo el título, “Éxitus”, y lleva solo unas iniciales, F.I.M, no acierto a comprender nada porque la fecha de edición es de 2016. Reviso sus primeras páginas que aportan una nota bibliográfica extensa y detallada sobre el Libro de los Muertos y El peso del alma. Una hoguera me ciega la visión, y una sombra furtiva me sustrae el libro de las manos, sin poder ver su rastro siquiera…

Una dama desde una celosía me llama con siseos, me arrimo con cautela, y me señala con el dedo índice hacia un portal de la otra acera, mientras me susurra al oído:”Következ? kijárat, menekülni, ne maradj itt…” (2) Niego con la cabeza que no entiendo su lengua. Pero ella sin concesión alguna, echa un telón velado que anula todo enfoque.  De forma inesperada, cientos de abejas surgen de un postigo contiguo y me persiguen calle abajo, corro despavorido mientras un grupo de chavales se ríen de mí y me tiran piedras… Chinas, arena, arena entre mis dedos. Tierra seca.

Despabilo a Julián y le insto a que nos pongamos de nuevo en marcha. Agradezco al cielo que las bestias solo fueran alucinaciones mías en los preliminares de la pesadilla. Si es que ha sido un desvarío causado por la contrariedad y el ayuno.

 Cuando suponemos que hemos avanzado y trato de verificarlo con la brújula, resulta increíble,- además de tenerla consigo- pero apenas hemos hecho la tercera parte del recorrido que estimamos oportuno.

 ¿Días, semanas? No sé cuánto llevamos de viaje. Los pies han pasado las fases de ampollas a heridas sangrantes y de estas a costras que los rasguños de los matojos hacen proliferar nuevas vesículas… Atardece y tras un vericueto camino, nos topamos de golpe con una casa enmarañada por la maleza.

Nos acercamos y abrimos la puerta, que cede sola. Todo está aparentemente como antes ¿cómo antes de qué? -me pregunto-  Entramos a la primera habitación, y la cama está cubierta por una mera colcha veraniega, fría y húmeda. Desplegamos las hojas del armario y allí está toda la ropa de nuestros padres. ¿Se han marchado, han muerto? Huele a humedad y hay mohos entre las baldosas.

La presencia de los padres es casi evidente, palpable, como si estuvieran observando desde alguna sala a oscuras.

Por un momento, les llamamos a voces, repetimos las frases que nos devuelve un eco agudo; subimos al piso superior y recorremos las habitaciones, todas vacías e intactas, salvo un manto de polvo espeso y terroso, como de ventisca.

En el último cuarto nos topamos con una sorpresa extrema, la mitad de la sala está inundada por una cuarta de agua sucia que continúa cayendo por la ranura de las vigas, gota a gota. Pero la cama está limpia, debido al desnivel de la superficie todo el charco se concentra detrás de los pies del lecho, como si estuviera frente a un lago interior. Achicamos con baldes desde la orilla menos profunda, pero resulta inútil, vuelve a su nivel y de ahí no excede.

Se va la tarde y no hay electricidad. En un acto involuntario rebuscamos por los cajones de la cocina hasta encontrar algunas velas y al tantear sobre una repisa, un mechero, las encendemos y nos disponemos a cocinar algo en la chimenea, eso sí, leña hay de sobra y arroz, caducado pero sin bichos.  Esto servirá para preparar algo que sea mínimamente comestible, aderezado con algunas hierbas del jardín.

Después de cenar y preguntarnos todo tipo de conjeturas al vernos así, en una casa abandonada, casi anegada y sin suministros. Julián sube para arreglarnos una cama, le acompaño para ayudarle y porque el relente aterrador te hace sentir más solo aún; es como si la niebla entrase por debajo de las puertas y por las ranuras de las ventanas. De hecho, nuestra piel está helada.

En la habitación que ha escogido,-de las que dan al ventanal exterior- hay un armario con un gran espejo a mano derecha. Hemos pasado casi a oscuras con una palmatoria en la mano cada uno y cargados con sábanas y mantas para vestir la cama.

Al finalizar y a punto de salir, observo que el reflejo de mi hermano en el espejo no es el suyo, me turbo y no sé qué decir, me acerco y le aviso: espera Julián… ¡Mira!

Me aproximo más al espejo y yo no soy yo, ni Julián es él. No lo distingo bien ni llego a discernir que es todo esto, si es un misterio o tan solo un fugaz aturdimiento.

Quedamos petrificados ante la imagen. Cuánto más nos miramos en el espejo, cientos de recuerdos intrusos nos acuden a la mente.

¿Quiénes somos?, ¿por qué no sabemos nada de lo que recordamos? Me asalta el sueño de anoche, ¿quién fue Laura?

En el piso de abajo, se escucha un portazo y el gozne de atrancar con cerrojo. Nos asomamos a la escalera y vemos que ha llegado una familia, un hombre de unos cuarenta años y una mujer muy bella, cogida de ambas manos por dos niñas de entre diez y doce años y un niño menor que se esconde detrás de ella, que entra taciturno y se le nota delicado. Su padre, saca de un bolsillo de su tabardo una cámara y dispara el instante enfocando la entrada del pequeño. Recuerdo ese encuadre, es una vieja fotografía de mi padre. ¿Entonces quiénes somos?, ¿no hemos nacido?, ¿estamos de retorno y si es así, de dónde, desde cuándo?

Nos quitamos instintivamente del balaústre de la escalera. Nos miramos perplejos. No da tiempo a pensar. Julián logra apostarse detrás de una cómoda y quedamos paralizados al reparar que me traspasan literalmente y que no descubren a Julián. No nos ven.

Nada. No somos nada.

Abrimos la puerta principal y nos enfilamos hacia el pórtico del jardín; al traspasar la cancela, amanece y seguimos entre dunas y estepas. Examino a mi hermano y es él y yo soy yo, según me confirma.

Todavía no sabemos si llevamos días, semanas, años, décadas, siglos, perdidos en una inhóspita realidad o en una ficción sin desvelar.

O en el limbo.

La Eternidad Efímera (Primeros Poemas)

La Eternidad Efímera  (Primeros Poemas)

A ti, siempre

 

 

 

Cuando te miro con los ojos

Que contemplo a la luna,

Se me hace que estás tan lejos como ella...

Y un día te miro sin los ojos de la luna,

Y al sentirte tan cerca, salgo despedido.

Olvido que poseo unas manos

Para escribirte.

Si supiera que la noche iba a ser eterna,

Te estaría esperando,

En el campo abierto,

Con el alma abierta.

Con fe ciega.

 

Anochecer

                                              

                                                                       “Silencio y soledad nutren la hierba,

                               creciendo oscura y fuerte,

entre ruinas...”   Luis Cernuda

 

 

Cae la noche una vez más,

Una vez se cierran los ojos,

Se esperan los sueños,

Se aprietan los puños,

Una vez más, por no gritar.

Se abren una vez las paredes,

Se vuelcan las sombras,

Inundando el corazón,

Ayer saciado de luna y mar...

Cae la noche lentamente,

Las estrellas se descuelgan

Deshilvanadas del éter

Destinadas a los cementerios,

Y a todas las ruinas persistentes,

En el alma, una vez más.

 

 

Descendencia

 

 

  


Yo vi los dulces labios

Rodearme hasta el borde de la playa,

El borde confundido por las olas

Que quisieron atraparme

Antes de pronunciar el beso.

Estuve indeciso

Entre el mar y la arena,

Y me detuve apreciando

La oscuridad de un cuerpo tendido,

El sabor a sal en unos labios...

En la simetría del deseo.

Corrió la noche por las ciudades,

Y toda la noche sentí la entrega

En mi pecho mudo.

En mis oídos tapiados de duda,

De algas y palabras respiradas

Por un momento, infatigable respiro,

Que hizo de nosotros algo distinto.

Corrí por las noches cuando el aire me faltaba,

Para regresar a la orilla amada,

 Llegar, sentarme y verme en el fondo

Como un amante en los ojos del que ama.

 Al revivir este recuerdo que desciende efímero,

De mi mente extasiada,

Descubro otra vez como aquella primera,

La magia presente que me rodea.

Regresé, desandando por la orilla,

Olvidando la huella de mi cuerpo

Sobre la arena húmeda...

 Y las olas iban borrando mis pisadas.

 

 

Deseo leve

 

                                                           “Quiero morirme,

                                                               quiero la vida sin nombre,

                               lo que saben los hombres,

y los dioses ignoran”   Gabriel Celaya.

 

Va escapándose leve,

Esta tarde sin caricias,

Dibujando haces de promesas;

Se escapa este instante

Y no dispongo de palabras para decir,

O alentar esa raíz que impulsa y es amor y tiembla.

Se han dicho mil adioses unas olas a otras olas,

Se han dicho adiós y han vuelto a chocar con la luz,

Han regresado a la orilla plena,

Con el mismo fulgor impregnado de dulzura,

Posándose en nuestras manos y las rocas.

Va desmayándose doliente,

Esta tarde que acaba,

Y mis ojos cansados miran hacia el horizonte,

Va muriéndose este instante

Que pienso en todo cuanto deseo amar.

Ser parte de algo.

 

 

 

El amor

 

 

¿Y el amor, no es más grande que el mar?

Pero el amor se compara al trigo,

Y a ese haz de luz divina,

Que aparece una vez apenas,

En el avatar de la vida.

¿Y el camino hacía el fin no es más largo que un beso?

Pero sólo el beso puede esperar

Que la razón humana no lo detenga,

O que la cerrazón lo estrelle hacía el abismo,

O a la nube pasajera que se desvanece.

El amor no es luna

Sostenida en pedestal invisible,

Por el beso eterno de un dios arcano.

El amor no es campo de batalla,

Ni canto oculto que se corta,

O la sentencia moral que te ahoga.

El amor es sólo algo incauto

Y que tímidamente se proclama amor a secas,

Que no te condiciona ni te aparta en nada,

Que no te dice adiós una tarde sin ganas,

Con lágrimas de arrepentimiento.

Amar es nitidez y pureza,

 

El desamor es aquello

Que llena  de hastío la paz de antes,

Y los objetos se tornan grises e inestables,

Las palabras y las miradas no tienen significado,

Existir se hace absurdo y deseas estar solo.

Repitiendo esquemas, una oración monótona,

Y es estar más frío que las paredes también grises,

Y ser un bosque inmenso de robles solos...

 

El amor, en tanto, es la llave del tesoro,

El calor que restaura y te confunde con el otro,

La espuma que rompe en su nacimiento

Y lo inunda todo.

El amor preciso, el no sabido,

El que no es palpable con las manos,

Que no se poetiza con el mar y la luna,

Ni con la noche azul del encuentro.

El amor es sólo puro...

           

 

 

El Mar o la tristeza

 

 

Anoche fue cuando el mar se enfureció,

Cuando quemaban las palabras en el pecho,

Cerrado con llave y a oscuras;

Cuando se abrían las puertas

Y entraba el viento arrasando con todo,

Menos con este dolor.

Anoche fue cuando las olas arrastraban

Miles de cuerpos hacia la orilla,

Y los peces morían desamados

De algún vertido o de pena.

La brisa borraba mi figura nublándose la tarde.

Absorto en el firmamento,

Cubierto de ideas y de algas.

 

 

 

El tiempo de una alcoba

 

 


El tiempo de una alcoba y un amor,

Se nota en los espejos,

El paso de unas horas o una década,

Deja un hueco y cría moho,

Queda un rincón deshabitado

Y un triste distanciamiento.

El beso se borra

Y el olvido es un propósito silente,

Mientras en cada lugar hay una fría huella,

Un detalle arropado,

Y una soledad instaurada.

El silencio de los cuartos y el amor,

Se unen en la desesperación,

Reflejado en los cristales,

Y en el aire cerrado, la voz,

La última palabra oída,

Que en su eco estalla un instante,

Para perderse al abrir las ventanas.

 

 

Escribir

 

 


...Escribir.

La necesidad de escribir.

Y tengo el cansancio de los planetas,

Y el sueño de los cetáceos en los ojos.

El tren se acerca a la próxima estación sin sol.

Madrid quedó atrás envuelto en niebla densa,

La niebla que nos hace menos vivos...

La Mancha, surcada de aves

Que traen promesas de lluvia,

También queda atrás.

El paisaje no dice nada que las nubes no sepan,

Los cables se ensanchan, se estrechan y se pierden,

Como los días de la niñez ya perdidos.

Hay cuatro gotas en el cristal.

Llueve apenas.

Un hombre anónimo dice adiós con la mano,

Su mano se mueve lenta, lenta, y va bajando lentamente.

Un adiós para un destinatario desconocido.

El tren prosigue detenido en esta estación fantasma,

No se ve pueblo por ninguna parte,

Sólo una vía desierta.

Asoma leve el sol, el gélido azul pesa más.

El tren emprende el viaje.

 

 

Huir...  morir

 

 

I.

Vuelca el mar

sobre mis párpados,

lápidas de cansancio...

Y te diré que tarde lo que tarde la tarde,

seguiré aquí...

 

II.

Derrama sobre mi pecho

tus vómitos de miedo,

que son el eco anónimo

de un vendaval nocturno,

al amparo de un sosiego

Para el olvido de tu  infierno.

 

III.

Erosiona los volcanes

De mis venas: caudal errante

por un cuerpo anochecido,

y te pintaré a ras del cielo

rosas y cisnes nacidos

Por el beso del rocío.

 

IV.

Derrumba sobre mi espalda

las cordilleras vastas del invierno,

- mi espalda costa al Mediterráneo

salpicada de nubes blancas, gaviotas-

y te sonreiré despacio,

Fingiendo el desencanto.

 

V.

Destruye lo sembrado

con el aliento enrarecido e infame

de la indiferencia...,

y correrán las garzas percatadas

de un triste presagio,

huyendo hasta morir...

 

 

 

Más allá (de la razón)


 

 

Base, o altitud hallada

En el sentido de ser flor o piedra,

Una extraña flor.

Hemisferio de un corazón

Que no vuela sobre el agua,

Y sólo se limita a estallar

Como la furia del mar.

Para ocultar la podredumbre

Carnal y violenta.

Y decir que somos así...

Que el sol anuncia un nuevo día,

Que somos así...

Y no sabemos como llegamos a ser así.

Cómo nos rodeó esta niebla

Que todo lo atrofia y confunde,

Y nos deja solos. Bien solos.

Y no comprendemos nada luego...

Ni nos comprendemos.

¡Qué lejos estamos de ser flor!

 

 

 

Mientras mueres


 

Sería injusto acariciarte mientras duermes,

Cuando te destruyen los sueños del averno,

Y mi roce quizás te supusiera un puñal...

Y no una enmarañada nube de deseos.

Cuando te separas del calor de la sangre

Y de los labios,

Y deshechas brazos que se estiran

Como playas en celo por el mar...,

Astros y miradas que también

Se buscan y se encuentran por el cielo.

Por eso no, no quiero,

No quiero acariciarte mientras duermes así,

Mientras sientes el peso de los gusanos,

E impotente besas el suelo húmedo de miseria.

Cuando asistes al asesinato de lunas pálidas

Que te dicen tu sombra y tus apellidos,

Y te lamentas y odias todo tu cuerpo con asco,

Desierto súbito que sube hasta tus dientes,

Que salpican lava y  pétalos ardientes,

Polen que nunca tuvieran las serpientes en primavera.

Te miro, y acaso te roce débilmente...,

Pero no quiero acariciarte mientras duermes.

 

 

Paréntesis


 

Fue mi destino: amar y despedirme”                                        

                                                               Pablo Neruda

 

Me marché alguna madrugada,

Circundándome un gesto general de nostalgia

A mis espaldas.

Un viento llegó a mis tardes,

Asentándose tras revolver todas las cosas.

Busqué un rincón donde guardar el olvido,

Pero la nieve con su persistencia en la noche,

Lo cubría todo.

Y me hizo llorar evocando.

Con otras nieves en las manos,

Con la llama infatigable recobrada,

Y el eco de un adiós prematuro,

De un adiós sin pensar en luego...

Anduve cabizbajo sorprendido cada luna,

Me arropé contra el frío y las calamidades,

Y el polvo se posó sobre mis huesos,

Como lentísimo beso que acaba en llanto.

El mismo polvo que se alzó esta tarde

Reconociéndome,

Y todo el mundo me extrañaba.

Me extrañan las calles cuando paso,

Dejando mi silencio en sus fachadas.

El mundo se extraña de todo.

Cuando has vuelto y no sabes porqué.

Yo pregunté por las cloacas,

Por los puertos y por los trenes,

Y las caras miraban incrédulas,

Adormecidas tras tanto insomnio padecido.

Me marché alguna madrugada,

Después de amar, una noche, unos minutos...,

Y ahora, mi futuro es marchar agonizante,

Retrocediendo para no hundirme.

 

 

 

Por las calles desnudas

 

 


                                                                              “¿Qué buscas en  las noches oscuras de las avenidas?” 

                                                                             

Paco León.

 

¿Adónde vas por las calles desnudas?

¿A dónde con el corazón vacío y los ojos

Llenos de lágrimas acalladas de silencio?

¿Adónde vas con los labios partidos?

por el roce de la tristeza en las paredes,

buscando un beso furtivo apenas...

Un beso.

¿ Adónde vas por las calles desnudas

Ensordecido por tus pasos?

La sangre ardiendo  enfebrecida,

El viento azotando la espalda...

Los pies doloridos y el alma atada...

¿Adónde vas por las calles cerradas,

Clavando en el suelo tu mirada?

 

 

Si...

 

 


Si acerco mi mano sobre tu corazón,

Se quiebran los espejos del cielo y de la mar.

Pero si desvío mi mirada un instante,

Se clavan como dardos en mi mente tus ojos.

Si espero del sol una respuesta,

La tierra cobijará el sueño,

Hasta que por fin cese.

Si busco en otros labios la verdad,

Se derrumban los álamos sobre el río

Y se queman mis dedos con papel.

Si descubro en un gesto

Una primavera estéril,

La luna amarilla llena de odio,

Dispara sobre mí, sus rayos de locura.

Si rozo con mi mejilla el hielo

Las palomas sentirán el frío,

Y si descanso entre juncos esta tarde,

Miraré el sol como cae...

 

 

 

Tarde sin saber

 

 


No sé si sé este fragmento de río,

Si es dulce el agua que no me toca,

No sé si sé la historia completa,

Si sé parte de la sombra que oculta,

Si sé el pensamiento fluvial que me detuvo.

No sé si sé andar por un agua,

No sé si sé que un ave,

Puede hacer de esta tarde,

Una inmensidad o una siesta.

No sé si sé morir por un tiempo,

Suspendido en el fondo

De un cuerpo que furtivo me reclama,

Cuando en el río oscurece.

No sé si sé de esta rama el silencio

Que propaga y me culmina.

 

 

 

Vida


 


            “Espadas como flores para los labios fríos,

Y flores como espadas para el carbón ardiendo.”  Vicente Aleixandre.         

 

 

...El mar, ola tras ola

sin un beso póstumo en tus labios,

carne amada día tras día,

sin una caricia que me derribe

Y salpique el cielo.

El cielo, nubes que dicen,

Vapor que sube y me elimina,

A ciegas por horizontes,

Me encamino hacia fondos o cúspides.

La luna llora

Gotas blancas de espuma

Que cristalizan las rocas,

Frente a ti hebra mortal,

Sol que jamás me atrevo a desafiar,

Por temor a tempestades.

El mar, el cielo, los días,

Las horas que transcurren como inviernos,

Traduciendo el cansancio y desaliento,

En las bóvedas evadidas de estrellas,

Y en mi voz que estalla hacia adentro.

El mar, te adoro y desfallezco,

Me ahoga el mar de la locura,

La duda insoportable y la penumbra,

La sola devastación de este deseo.

Que mantiene queda el alma.

 

 

Vuelo efímero

 

 


La luna, nuestra luna plena de recelos,

No se asomó para ver el sufrimiento

De nuestros cuerpos,

Ni para alentar el brillo de unos ojos,,

Con un temor fugaz a penetrar en la sangre,

Un temor natural y desnudo,

Cuando la nieve hace verso sobre la carne.

Granada entera olía a muerte,

Un vaho dulzón que asfixiaba

Los corazones expuestos  a abrirse y palpitar.

De noche te confería un aire rotundo,

Un árido susurro de miedo callado,

Mientras se escapaba un beso halado.

Y el amor iba calando más allá de donde se desea,

Porque sin defensa, éramos espuma reciente,

Dulcemente bebida, acariciada...

Acurrucada ahora y nunca.

El mar rebosa destellos reales

Empachado de la luz que lo amontona.

Así sólo cipreses aspiran vernos,

Cipreses como puñales que no hieren,

Labios que dibujan la sonrisa limpia,

Con el dolor clandestino vivido.

Sin el ataque de la luna que sospecha.

Hoy cubierto de hojas y fechas,

Reposa ese amor sincero.

 

 

 

Transparencia

 

 


Siempre estuviste detrás de un cristal,

Y aunque extendía mis brazos inútilmente,

Quedaban sujetos por el frío límite,

Que sólo deja traspasar la luz.

A veces estabas tan cerca, tanto,

Que sólo una fina corriente

Nos mantenía apartados, inconexos,

Siempre una barrera se interponía,

Que la persuasión no logró esquivar,

 Que la inquietud desbordó la paciencia,

Y así se debilitó toda energía.

Creo, llegué a pensar que esa separación

Y esa transparencia eran de un material ignoto.

Y sólo de espuma mis puños...

 

 

Sólo en tardes de este tamaño

 

 

En tardes como esta,

Descompuesta la ilusión,

Aparecen las palabras exactas.

Cansado de esperar

Se mira a los ojos

Y ve su soledad.

Estallan las sienes

Y todo se inunda de ríos,

De niebla en donde no eres tú.

Nada es nada.

En tardes de este tamaño,

Se mira hacia atrás en la oscuridad,

Y descubres que no hay nada,

Que nada fue captado:

Un sueño nacido de la nada,

Su destino es la nada.

Sólo hastío en los pies y la mirada,

Vacío en la sien y la palabra,

Ir sin brazos ni pies ni sentido,

Sin ni siquiera un beso leve

En el cristal que nos separa.

 

 

Sala de esperas

 

Tu alma y la mía,

Gaviotas jóvenes que se persiguen,

En la quietud crepuscular,

Huyendo sobre la paz del océano.

Tu sueño y el mío

Dragados entre algas de un fondo

Sumido de oscuridad,

Desnudos nuestros deseos,

Nacidos de una ubre húmeda,

Amamantados por cimas lejanas...

Tu pesar y el mío

Arropados por velos decadentes,

En alcobas distantes,

Soñándonos perennes e insomnes.

¿Qué son todos esos gritos

Que me despiertan con tu nombre en los labios?

 

 

Poema de espera

 

 

 

 


Hay tantas cosas que me detienen,

Nombres, fechas, cielos, rosas;

Dime que el campo me reclama

Y asistiré para cobijar el verso

Que escribe cada peña.

...Hay tantas cosas que me detienen

a la hora de elegir la vida o la muerte,

el calor de unas manos,

la necesidad de  la luz por la sombra,

Y el manto maternal de la oscuridad.

Me detienen unos ojos vendados por nubes,

Que se apresuran desde tu morada

Hasta mi costa.

Hay tantas cosas que me detienen,

Cuando pienso si es necesario ceder,

Un amanecer, un perdón, un bosque...

Me detienen las olas, mis dioses,

Cuando quiero esconderme.

Desaparecer.

 

 

Olas como alas


 

 

Olas. Eran sólo olas,

Que no cesaban.

Venían acariciando a veces el dolor,

A veces los pies que menguaban de andar sedientos.

Olas, fueron sólo olas,

Mareadas flores de los cuerpos,

Prendidos de raíces ocultas,

Prendados de la luna, satisfechos.

Olas. Sólo olas como alas,

Póstumas en la orilla,

Acaso como recuerdo efímero,

De una ola que tan sólo logró ser una ola.

 

 

Más cerca 

 

 

 

 


Está más cerca el cielo si bajan las nubes,

Si miras las estrellas esta noche,

Está mas cerca y palpable,

Si tus labios besan el mar.

Está más cerca el cielo si miras esa luna,

Si apoyas tu cabeza sobre mi sombra pendiente

Entre el final y la aurora.

Más cerca si te miras en mis ojos.

Más cerca del cielo si cierras las ventanas

Y me amas un poco sin querer,

Aunque te desmientas luego, aparatosamente...

Aunque huyas atronándote por absurdas ideas.

Más cerca del cielo si vuelves.

 

 

La tarde es gris, tú lo sabes

 

 

La tarde es gris, tú lo sabes

Y provoca leves temores de lluvia,

El mar es gris esta tarde,

Y el viento le empuja y nos invade,

Nos adherimos como recuerdos a las olas.

Yo soy un poco tu sombra,

Cuando en el sueño no te defiendes,

Cuando no temes respirar lo que te envuelve,

Quizás la tierra que está mojada esta tarde.

La tarde es más gris que ayer

Si tú no me lees esos versos,

Pero clarea un instante el poniente,

Si contemplo tu mirada,

Y tras el miedo natural,

Me zambullo dentro.

 

 

 

Horas de espera

 

 

 

 

 

Desear a escondidas una nube,

No es evitar el presente.

No es deambular hacia el engaño...

Es ansiar, añorar, volar...

Acaso respirar el fuego,

Que siglos hace que no me quema.

Hablar y confesar la verdad,

Es dejar que la sangre corra,

Abiertas las venas,

Hacia un caudal  de cieno,

Donde todo se pudre,

A un arroyo de nenúfares muertos de miedo.

De vacío, de sequedad, de miedo...

Deja tú que arriben a tus tejados,

Mil mensajes etéreos con alguna tormenta ocasional,

Y deja que toquen a tu puerta

Las tristes horas de cuervos,

Que también son horas largas

Y efímeras a veces...

Pero aprenderás.

 

 

Escapada


 


          “te quiero,

y esta tarde se acaba...”

Vicente Aleixandre

 

No mintamos más.

La quimera teñida de olvido silente

Convoca palabras entonadas

A un tiempo con los violines,

Y el oleaje.

El pulso que aplaca este instante,

Retorna del inmarcesible recuerdo,

Que gravita en los labios,

Mutándose a cenizas el paisaje, ahora,

Siendo dudas el paisaje y tu sonrisa...

¿A que cielo tu risa?

Ceñido al viento el dolor,

Me despojo de tinieblas,

Vocifero en la antesala de tu pecho,

Madera hermética,

Escondido tesoro que desconoces,

Y me desprendo,

Del zumbido interno que angustia aún.

Arpegio de cansancio en mis hombros,

Y tu respiración hecha fuego detenida,

Como se detiene el sol en los espejos.

Y mentimos con la mañana,

Bebiéndonos en el café la cobardía.

 

 

 

El tedio de las tardes

 

 

Las tardes pasan lentas,

Embriagadas de recuerdos,

Bañadas de cansancio, tedio e inercia.

Concisos los sueños, las notas,

Y el resto sólo ruinas,

Mortajas para el olvido.

Cajones de la tristeza.

Las tardes pasan lentas...

Recortadas en papel

Son alas sin fuerza, incapaces

Para huir, matar, o morir.

Las tardes pasan lentas,

Lentas,

Hasta dormirme en el desencanto.

 

 

El frío en las sienes

 

 


El mar ruge desamado,

Y los astros tiritan de frío,

En la noche trémula que congela el ánimo.

Cuando se hielan las sienes...

¿Puedo pensar que pienso algo?

Entonces: ¿quién inventó la palabra Dios?

Todo me duele como un disparo,

El silbido del viento en la soledad,

La soledad entre los pinos,

Y el miedo de la noche

A la falta de estrellas.

El frío de los niños del quinto mundo,

Que claman desde ayer,

Comidos de moscas.

Toda la hiel amarga del mundo,

Sin el agua que vierten los ángeles

Para que la tierra purifique,

La carne deshidratada,

Y las bocas sedientas.

Es el dolor de los perros aullando

Y el de la pasión coagulada en las venas,

En la vigilia exaltada.

El frío que parte las sienes

Como madera astillada,

En el abandono y la desesperanza

De esta otoñal decadencia.

 

 

 

Después de tu ida

 

 

Tu silencio primero,

Y después tus palabras...

Tu alma toda

Se desnudó frente a mí.

Y tu mirada,

Tus ojos de mar sereno,

Tu beso de clara superficie,

De fuego y nieve. Guardé.

Primero tu silencio,

Y ahora tus palabras.

Y yo,

Yo sólo aquí.

Repitiéndoseme toda tu ausencia.

La puerta se abre

Y por un momento entras tú.

Desaparece todo el silencio.

Tú has desaparecido,

Y la puerta se ha cerrado detrás de ti.

Y yo,

Aquí solo.

Llorando por comprenderte...

 

 

Descubrimiento

 

 

Deja que mis manos

Lleguen más abajo,

Que mis labios rocen

La tierra árida que acotas.

Deja que llegue la tarde,

Que albergue este amor como sombra.

Descubiertos a la luz

Y entre las olas.

 

 

 

Comunión secreta

 

 

Acaso fue como brisa

O como espada que lastima

Por un roce impreciso.

Ladera ardida,

Espíritu que queda y se consume,

Bruma densa que cubre.

Acaso como nostalgia

Se pueden mirar unos ojos nuevos,

Que desatan las cuerdas del corazón

Y se esfuma la libertad,

Te aprisiona y te reconoces preso,

De un cuerpo que despierta.

Acaso como sucesión,

A la fuga de lo imprevisto,

De unos ojos que se siguen,

Y no desistes ahora,

Casi a ciegas, las palabras retumban,

Las primeras, en silencio de dos,

Y se crea un compromiso,

Un estremecimiento se apresura, se espera...

Acaso como lecho

Perfumado de flores frescas,

Se llega al pabellón

De la celebración íntima.

Se da la luz para reconocerse y se reconocen,

Se apaga de pronto la conversación necesitada,

Porque se tuvo sed,

Y un beso de lluvia se posó sobre los labios,

Sedientos de verdad,

Y empezó a llover...

Y te quiero al oído.

Acaso como comunión

Acaso como brisa,

Acaso como espada,

Acaso como lluvia...

Y te quiero después.

 

 

Al tiempo de la lluvia

 

 

 

 

 

 

Al tiempo de la lluvia, mi llanto,

Cuando la lluvia caía con su compás

Siempre monótono en el patio,

De mis ojos florecían

Pilares rebosantes de lágrimas tristes,

Gotas de espera vírgenes.

Al tiempo de la lluvia, mi llanto,

Cuando la brisa besaba el rostro

Empapado de madrugada, invisible,

En la voluptuosa frente de la noche,

Cuando llegaba un canto lejano,

Que interminablemente persistía.

Al tiempo de la lluvia, mi llanto,

Cuando las calles estaban de fiesta,

Cuerpos deambulaban por todos lados

Como un enjambre huyendo del fuego,

Disimulando la sinceridad

Que no osamos experimentar.

Al tiempo de la lluvia, mi llanto,

Cuando tras las cortinas blancas,

La luna como un cristal desafiante,

Resplandecía en las pupilas negras,

Cuando en las manos, como en un estanque

Rebosaban las últimas gotas

Del deseo y la soledad.

La Galla Ciencia

La Galla Ciencia

 

EL LENGUAJE INTERIOR de Fran Ignacio Mendoza

(por Samuel Jara)


 
El lenguaje Interior 
Fran Ignacio Mendoza
 
Ed. LetrasCascabeleras. 2015
 
Entendemos por lenguaje interior o endofasia: los movimientos articulatorios latentes que acompañan a la lectura, audición o pensamiento silencioso.


                Estas son las palabras que podemos leer en la contraportada del libro de Fran Ignacio MendozaEl Lenguaje Interior es un libro donde se trabaja sobre esta definición, dando lugar a una composición muy íntima y armoniosa. Durante la lectura no parece que estemos leyendo a la voz poética, sino más bien, al pensamiento de la voz poética.

Los poemas son composiciones divididas en dos o tres piezas. Esta división permite trabajar el mismo tema varias veces o incluso contar una historia. Destaco entre los poemas El Adagio Cotidiano. Es curioso cómo la contemplación y la reflexión se unen.

Espían los insectos 
las tardes de lujuria
codiciando su porción
de miga, bagatela, sustento.
Están siendo cómplices
como los son las lámparas
y las arañas del techo.

Son ángeles domésticos
que nos asimilan siempre
sin reparar en ellos.

La música es un tema recurrente a lo largo de todo el poemario. Se suceden las obras de Samuel Barber, Bach, Gabriel Fauré o Tchaikovsky, entre otros. Esta música armoniza perfectamente con el contenido de los poemas y nos sirven de banda sonora para escuchar El Lenguaje Interior.


      El resto de temas a los que recurre Fran Mendoza podrían considerarse cotidianos, pero el tratamiento de los mismos hace que tengan cierto aire refrescante y que sea agradable su lectura. El discurso interior se entreteje poco a poco haciendo que de lo cotidiano pueda surgir una obra original.  


 
El libro mantiene un estilo sencillo y de línea clara, pero es un poemario en el que cada palabra está cargada de significación. El autor consigue el ritmo a lo largo del libro con ciertas repeticiones y rimas asonantes. La intimidad que se alcanza en el poemario nos hace tener la sensación de ser un invitado invisible en esta casa con manteles todavía manchados de migas, música clásica e insectos que también son testigos de los episodios amorosos.

El Sabor de la Frambuesa

Tu lengua otorga a la mía 
el sabor agridulce de la frambuesa
y los cielos tutelan
las miradas que socorren
nuestros goces.

Las rémoras pasadas
no acuden a salvaguardar
del hielo propagativo
que acomete y nos rodea.

Somos equidistantes
en medio de la nada.
Un soplo inadvertido
que nos justifica
y que consolida el perímetro.
  


En este lenguaje interior, Fran Ignacio Mendoza nos introduce en un libro que es un laberinto; un laberinto en el que los poemas hablan entre sí y el ritmo se mantiene hasta el final. Una lectura muy recomendable, especialmente en momentos en los que el estrés y la velocidad del mundo nos abruman. 

 
Samuel Jara
Fran Ignacio Mendoza nace en la década de los años 60 en Badajoz. Residiendo en Mallorca la mayor parte de su vida, a excepciones de temporadas en Londres, Sao Paulo, Madrid, Barcelona, Praga… y ahora la vuelta a Extremadura.
Escribe poesía, relatos y algunos artículos de opinión. Otra faceta artística que le identifica es su pasión por la pintura, así fue seleccionado por Fundación Barceló - Palma de Mallorca- en 1994 con la obra “Carne de amor”.
Ha colaborado en eventos tipo “spoken Word”, “life on Mars” entre 2011 y 2014, en Palma, “MartePoético” y las tertulias del Ateneo de Badajoz en 2014-15, y en Cáceres en “Los recitales de Los 7 Jardines” 2014-15.

El lenguaje interior, en La Polka Bar.

El lenguaje interior, en La Polka Bar.

Gracias a Pepe Marroig y a Carmina, a Maribel Rossello Galmés, a La Polka y a todos los polkies y asistentes que llegaron desde distintos lugares de la isla para descubrir la performance-presentación de ’El lenguaje’, acompañado de Rosario Cruz, venida de Cáceres para estos dos eventos. Conseguimos aforo completo.
El momento fue mágico y envolvente, lleno de emotividad por parte de los oyentes y nosotros mismos. Entrega mutua...

Más fotos del evento en:

https://www.facebook.com/profile.php?id=100000894399444&ref=ts&fref=ts


Revista Madreselva

Revista Madreselva

Revista Cultural y Turística de Extremadura.

http://www.revistamadreselva.com/389/cascabeleros?fb_action_ids=948811278492010&fb_action_types=og.likes

El lenguaje interior en Café Tres Bandas

El lenguaje interior en Café Tres Bandas

Velada tranquila en el Café Tres Bandas de Palma de Mallorca. Silencio absoluto ante las voces de Rosario Cruz, soprano, y Fran Ignacio Mendoza, recitando. Un contraste perfecto.

El lenguaje interior en Palma de Mallorca

El lenguaje interior en Palma de Mallorca

Dos performances-presentaciones en la capital balear, con la soprano Rosario Cruz, venida de Cáceres expresamente, acompañándome en ambos eventos . En Café Tres Bandas el miércoles 20 de mayo a las 20:00 h, y el 21 de mayo en La Polka Bar, a las 20.30 h. 

Entendemos por lenguaje interior o endofasia: los movimientos articulatorios latentes que acompañan a la lectura, audición o pensamiento silencioso.

Se trataría de un lenguaje sin sonido, una actividad previa al habla, un lenguaje sin voz, una función en sí misma, una forma básica de pensamiento sin palabras. Los filósofos de la antigüedad consideraban que pensar era hablarse a uno mismo en silencio. Para Platón el pensamiento y el lenguaje hablado eran una misma cosa. Los primeros estudios sobre el lenguaje interno estaban basados en la introspección y en  observaciones cíclicas sobre los trastornos del lenguaje, observándose que el lenguaje interno estaba constituido por imágenes verbales de modalidad diversa (acústica, motora y visual) la interrupción del mismo era explicable por disfunciones intelectuales relacionadas con la afasia.

Pero este lenguaje interior, evidentemente es el que acompaña al pensamiento silencioso y el procedente de los objetos inanimados, las situaciones más cotidianas  con sus acciones previsibles o anticipadas, es la música de fondo que asiste a  los prólogos de un instante y en las escenas diarias como referentes. Es la expresión del color de las uniones en las que sobran las palabras, las señales propias de los cuerpos y que en su elipsis esparcen el olor y el tacto  que pone calificativo a las reminiscencias…

El lenguaje interior aquí, es el lenguaje del más ínfimo detalle y el de todas las cosas.

Y el de lo absurdo que se nos dicta en los sueños y lo vivimos – en el sueño- de forma tan natural.

El laboratorio de la palabra - Fransilvania.es

El laboratorio de la palabra - Fransilvania.es

Podéis entrar directo desde enlaces.

Es también una página donde estaréis al día, noticias, eventos y los últimos poemas.

Bienvenidos!!

Performance-presentación de El lenguaje interior de Fran I. Mendoza

Performance-presentación de El lenguaje interior de Fran I. Mendoza

En los Siete Jardines, Cáceres, día 3 de mayo de 2015. A las 19:00 h.

Con la colaboración especial de Rosario Cruz, Soprano. 

 Reitero mi agradecimiento especial a Rosario Cruz, a .A.C. Letras Cascabeleras, y por supuesto a todos los asistentes, que fueron cómplices de la conexíon y comunión que se creó entre ellos y nosotros. Un placer...!

Introducción de Vicente Rodríguez Lázaro, para la presentación de “El lenguaje interior” de Fran Ignacio Mendoza, en el Palacio de la Isla, el 9 de abril de 2015, en Cáceres.

Introducción de Vicente Rodríguez Lázaro, para la presentación de “El lenguaje interior” de Fran Ignacio Mendoza, en el Palacio de la Isla, el 9 de abril de 2015, en Cáceres.

A medio camino entre Mallorca y Extremadura, su tierra natal, Fran Ignacio Mendoza cabalga de continuo sobre diversas monturas artísticas: la poesía, el relato, el artículo de opinión, el guión cinematográfico y la pintura. De esta manera, su actividad es constante y no se limita a sus frecuentes apariciones en recitales poéticos sino que también colabora con pintores con algunas de sus obras.

Su carácter cosmopolita se manifiesta así mismo en un talante cercano, abierto y liberal hacia todos con quienes contacta, de ello damos fe los que le conocemos en mayor o en menor medida.

Sus once obras publicadas hasta la fecha se centran en el terreno de la poesía, distinguiéndose en este sentido por su elegancia en el uso de la palabra y la sensibilidad y el sentimiento manifestados desde “Terminal Babilonia/En aras de un susurro”, publicado por la Editorial Recerca en 1999, hasta “El lenguaje interior” que hoy presentamos y que la Asociación Cultural Letras Cascabeleras de Cáceres, tiene el honor de ofrecer a sus lectores.

En sus diversas colaboraciones en antologías y revistas literarias, destaca sobre todas la realizada en 2013, por el grupo Soypoeta.com: “Poemas al director”, junto con nombres de la talla de Federico Mayor Zaragoza, Luis Eduardo Aute, Ángel Petisme, Inma Luna, Fernando Berlín o Juan Carlos Mestre, entre los 68 seleccionados de un total de miles de aspirantes.

Nuestro autor se muestra así como un hombre inquieto, lleno de entusiasmo e ilusión, que no duda incluso en cubrir tres horas de trayecto para asistir a un local cacereño, siendo uno de los habituales en ‘Letras en los Jardines’.

En referencia a la obra que nos ocupa hay que decir que con una llamada al entendimiento directo, sin palabras, cuando existe una verdadera amistad, en el poema de José Hierro, inicia el autor este recorrido por “El lenguaje interior” del poeta de la mano de compositores como Barber, Satie, Bach, Górecki, Smétana, Fauré, Debussy, Kodaly,Tchaikovski y Saint-Saëns. Y es que la música y la poesía siempre caminan juntas cuando alcanzan la sublimación de la obra bien hecha. Es el caso de este libro repleto de delicadeza en el dominio de la palabra, de sentimientos y de sensibilidad.

En Introito del alma, la noche se presenta como elemento actuante y testigo de las pasiones, de los excesos humanos.

El color de los abrazos como continente de la pasión, el ángel fruto de nuestros afanes actúa como protector de los efectos de la noche sobre el alma humana, una exaltación del abrazo sincero, el misterio del atardecer envolviendo a los amantes, la construcción del hogar íntimo como reducto privado del amor y la melodía cadenciosa del color de los abrazos. Todo ello compone el esqueleto y la esencia del segundo poema.

En Los gráficos del corazón, se expresa la tendencia a la intimidad cuando el corazón se sensibiliza con el amor, su resistencia ante la fecha de caducidad de la vida humana. Nos retrata así mismo la inestabilidad y la volubilidad de la pasión cuando se vive de cerca, directamente junto al ser objeto del amor, además de la complacencia ante la unión corporal de los amados.

El adagio cotidiano es el primer homenaje a la música, en este caso de Samuel Barber y en el poema se refleja el silencio reparador de una sala acogedora, las confesiones íntimas de los objetos que la amueblan, la nostalgia expresada por Barber en sus notas, reflejada también en los versos del poeta. Aparecen los compases de Erik Satie acompañando a la melancolía y al intimismo en la relación amorosa, la complicidad de los objetos silenciosos, de los insectos, espías indolentes del encuentro pasional y los muebles como componentes y participantes directos en una ópera adornada por la música de Bach.

En Exultación redimida se manifiesta el inicio de un encuentro amoroso con las manos entrelazadas que continúa en la noche y culmina en los besos acompañados de los espíritus del aire que rodea a los amantes, también el fulgor de las miradas desplegando la pasión, vivida como experiencia existencial por encima de las percepciones.

En El sabor de la frambuesa, el beso mantiene el calor rodeado del frío de la deshumanización, muestra la firmeza ante el temporal existencial que rodea a los amantes, la serenidad en su relación, su inseguridad ante las propuestas de futuro, cautivos de la pasión, de las cadenas de los besos.

El tono paliativo y la música de Henryk Górecki se enriquecen mutuamente y rememoran el recuerdo del primer encuentro, la música, la lluvia, la visión de los transeúntes y la previsión de su ausencia futura, sustituidos por nuevas generaciones. Un aria de Bedrich Smétana aviva el recuerdo del objeto del amor ahora ausente.

Frontera imperceptible resulta una descripción de las relaciones y sentimientos generados en las mismas, la expresión de recuerdos plasmados en escritos del pasado y hermanados ya con la soledad, la luz apenas se fija ahora en ellos, la luz del recuerdo, que se apaga y aleja como el tiempo que transcurre de manera inexorable.

El dolor presente dibuja ese paso del tiempo unido al desamor creciente provocado por un dolor que persiste con las decepciones y los retiros.

En El ejercicio de amar es el amor el que languidece con el tiempo, se contemplan los esbozos de una separación y hay comensales invisibles que recogen y aprovechan los restos del banquete amoroso, se divisa una nueva plasmación del desamor creciente, del alejamiento de la fascinación, pero que al final prolifera un nuevo cariz que anima.

En El agua que inunda se expresa un paralelismo entre la importancia de los besos para el amor y el agua para la tierra, el deseo saciado, la manifestación de esa saciedad, la renovación del amor, de la pasión, en la sangre que corre sin detenerse.

En Los adioses tardos, los objetos  conservan los restos de los actos amorosos, incluso el recuerdo lacerante de la despedida, de la marcha lenta y dolorosa.

Las miradas que renacen, expone el renacimiento de la relación, un reencuentro, la inspiración y la reflexión  con el apoyo de la Pavane de Gabriel Fauré, la música del gran compositor dedicada a la contemplación y el objeto del amor.

Ensayo para una visita supone un canto al retorno del ser amado, prolonga su mensaje, es una invitación a la reanudación de la relación construyendo un llamamiento a la noche que les arrope, también la culminación del encuentro y  el acogimiento.

En Preludio para vivir se observa una llamada a la prolongación del reencuentro, a la aceptación del mismo, un canto a una nueva vida de la pareja; en él, tanto la Naturaleza como la ciudad se muestran cómplices del auge. Con los sones de “La mer “, de Claude Debussy, se compara la existencia con una sinfonía en construcción permanente.

El lenguaje onírico resulta un canto elevado al inicio del acto supremo del amor. Así, estimulados desde los sueños y por los sones del Stabat Mater de Zoltan Kodály, los amantes se adentran en su íntima unión, las sensaciones se expanden en el instante esperado, el recuerdo del acto permanece en los vestigios que dejan en los cuerpos.

En Epílogo nocturno ,secuela del primer poema, consecuencia de una comunión entre la noche y la música de Piotr Tchaikovsky.

Y por último, su “bonus track”: Errores y vigilias se presenta como conclusión y análisis de las experiencias no recomendadas, pero que refuerzan la unión amorosa y trasciende con “La juventud de Hércules”, de Camille Saint-Saëns.

Música y poesía abrazadas, enriqueciéndose mutuamente, uniendo sus matices en una obra que se me antoja un monumento al amor, una radiografía meticulosa y perceptiva de la pasión en un conjunto de poemas donde la palabra es respetada y mimada a la búsqueda de la belleza expresiva, de la sutileza y la sensibilidad que surge del alma del poeta para mostrarnos de manera eficaz el más puro sentimiento que a fin de cuentas es el motor de la existencia humana y sin el que pierde su sentido nuestro deambular por este mundo contradictorio, lleno de obstáculos a veces difíciles de sortear y que con poemarios como “El lenguaje interior”, se hace más llevadero y se abre a la esperanza del cambio deseado.

 

Vicente Rodríguez Lázaro, 2015.

El lenguaje interior

El lenguaje interior

Presentación en el Ateneo de Badajoz, el 26 de marzo,

a las 19:00 hr.

Bienvenidos a todos: amigos, poetas, artistas y lectores en general, amantes de la poesía y la palabra.

El lenguaje interior

El lenguaje interior

Nuevo poemario listo para presentaciones en breve, editado por Letras Cascabeleras, Cáceres, 2015.

Fechas confirmadas:

Día 20 demarzo en la Biblioteca Muñoz Torrero (Orellana la Vieja)

Día 26 de marzo en el Ateneo de Badajoz

Día 9 de abril en el Palacio de la Isla, Cáceres

Microrrelatos 2015

Microrrelatos 2015

 

Habla de la tierra

 

La mujer le hace pasar, el hombre llega tarde como de costumbre.

-          ¿por qué no avisas cuando te retrasas? Me como el coco y empiezo a imaginar cosas raras…

-          No te inquietes, estoy aquí, ¿no?

-          Sí pero ayer no respondiste a mi llamada, ¿no viste la llamada perdida?

-          Claro, pero se me pasó, tuve un día muy ajetreado en el trabajo.

Ella le ofrece una copa de ‘Habla de la tierra’. Se sientan y degustan el vino.

Ella se ausenta al baño un momento y al volver le encuentra respondiendo un mensaje, ¿ya estás con tus juegos?

-          No, no, es un amigo que reprocha que fue su cumpleaños y lo olvidé.

-          Ya…

Terminan la cena y cuando él está desnudándose en el dormitorio, ella aprovecha el instante para mirar su móvil y su último mensaje.

 

-Márchate….-mientras entra a la habitación-

- y ¿ahora qué pasa?

- ¡que desaparezcas!

 

El hombre ya en la calle piensa en el desliz y en la huella que dejó en la copa apurando el vino. Hablando de sus cosas, más distendidos.

Ella mira la copa al recoger la mesa, y besa la huella de los labios   que él dejó aun húmeda.

El hombre piensa que esa huella permanecerá en la copa hasta que el detergente y el agua se la lleve en el fregadero. Será su última huella.

 

 

 

 

Mama Inés

 

-          Ay mama Inés, ay mama Inés, todos los negros tomamos café.

Sabina no sabía si realmente la letra es así, si dice mama Inés o María Inés.

Pero le da lo mismo, lo canta bien alto en la  terraza mientras riega las plantas, el caso es joder a su vecina Inés, años atrás confidentes amigas, pero ahora todo lo que hace es por molestarla, es lo único que le sirve de consuelo después de pillarla in fraganti con ex novio, un cubano mulato, claro, y que acabó con esa taza de café de un domingo de hace dos años ya.

-Ay mama Inés, ay mama Inés…

Sabina, sigue con el estribillo, mientras riega sus plantas en la terraza. Suena el timbre.

De pronto  y por el sobresalto, se enreda un pie con la manguera  y cae desde su 5º piso. Gritando: putaaaaaa!

Una grata sonrisa desde el 4º se mezcla entre gritos de otros vecinos que miran hacia la calle y transeúntes que se acobardan ante la escena.

Inés corre las cortinas.

Begoña Julian opina sobre la poesía de Fran I.Mendoza

Begoña Julian opina sobre  la poesía de Fran I.Mendoza

Fran I. Mendoza.
La libertad de un artista.
Donde unos solo ven desnudos… la mirada pura ve arte.
Donde unos solo leen sexo… la retina noble lee arte.
¿Porque hemos dejado de leer poesía?
No nos escandalizamos al ver un programa televisivo como mujeres, hombres y viceversa, pero podemos escandalizarnos al leer este poema… “déjame escanearte”…
Cuelgo el enlace al blog del poeta Fran I. Mendoza. 
Encontrareis muchas poesías. Poesías comprometidas, poesías dulces, poesías duras, poesías amables. 
Encontrareis ... su alma. 
http://fransilvania.blogia.com/

Poema:
déjame escanearte
de ’Opus XXI’, Bubok,2011

Déjame escribirte,
aleccionarte en la materia que me honra,
volar alrededor del humo exhalado
de tus labios, presintiéndome.
Déjame someterte a la tortura de mi falo,
adormecerte, humedeciéndose la noche entera.
Quiebra la espalda, agoniza la espera,
impulsa, esculpe caricias de mi sombra,
come falanges, átate a mi vello... 
Duerme sedado mientras los relámpagos
nos busquen.
Déjame escanearte,
empaparte, invadirte, 
sucumbir...

® © Fran I.Mendoza

Basta de violencia

Basta de violencia

No a la violencia!

No al auge del odio, a los ataques xenófobos,homófobos, al aumento del sexismo entre los jóvenes que conlleva a la futura violencia de género... -capítulo aparte- Y por último el salvaje fanatismo deportivo!

Hemos retrocedido en el tiempo unos 36 años. Mientras las libertades se acotan, las leyes son más permisivas e injustas, no hay prisión para los ladrones, ni igualdad de rasero ante los mismos delitos.

La base del problema es la educación, la mala educación recibida y  la falta de valores entre las últimas generaciones, los culpables son la familia y  los organismos estatales. 

No hay que poner mordazas al pueblo, sino cambiar  leyes obsoletas y defenfer al ciudadano, concienciar desde la infancia con al respeto a la diferencia racial, sexual y de cualquier índole. 

No al odio!!!

De 'Todas las herramientas'

De 'Todas las herramientas'

Poesía de perros

 

La poesía ladra en los parques,

Palabras dormidas en los salones,

Fieles como perros, husmean todo rastro.

Acosan todo corazón sin tregua,

No dejándole un respiro.

 

Jadean en la tarde oculta ante el despecho,

Atacan  por la espalda y esposan la sonrisa.

 

Yo no tengo la culpa del odio sembrado,

Fértil semilla que se propaga en las ciudades,

Sermón olvidado que marca editoriales,

Disolución instantánea de la razón,

Con pocas razones...

 

El verso se vomita en los parques húmedos...

Renglones de aire que el aire aspira.

Masacradas ilusiones que pierden brillo,

Ante la fría mirada occidental,

Acostumbrada a las masacres.

 

Ed.Osiris, 2012.

® © Fran I.Mendoza